{"id":3643,"date":"2026-07-28T13:41:30","date_gmt":"2026-07-28T19:41:30","guid":{"rendered":"https:\/\/ministeriomct.org\/?p=3643"},"modified":"2026-07-29T14:15:47","modified_gmt":"2026-07-29T20:15:47","slug":"el-odiseo-que-esta-en-mi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/el-odiseo-que-esta-en-mi\/","title":{"rendered":"El Odiseo que est\u00e1 en m\u00ed."},"content":{"rendered":"<div class=\"\"><div class=\"\">\n<div class=\"\">\n<div class=\"\">\n<div class=\"\">\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El Odiseo que est\u00e1 en m\u00ed.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Peregrinaje hacia el alma, los dem\u00e1s y la tierra.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Esteban Montilla, Ph.D<\/strong>.<\/p>\n<h1>Volver a leer la Odisea<\/h1>\n<p>Le\u00ed la <em>Odisea<\/em> por primera vez para cumplir con un requisito de mi clase de bachillerato, dirigida por un maestro extraordinario e inspirador llamado Nicomedes Hern\u00e1ndez. Era una de esas obras que formaban parte de la educaci\u00f3n considerada necesaria para comprender la literatura y acercarse a la condici\u00f3n humana. Bajo su direcci\u00f3n, segu\u00ed las aventuras de Odiseo: sus naufragios, sus encuentros con seres extra\u00f1os, sus astucias y su persistente deseo de regresar a \u00cdtaca.<\/p>\n<p>En aquel momento cumpl\u00ed con la tarea, aprend\u00ed lo necesario para participar en la clase y responder a las preguntas de mi maestro y luego continu\u00e9 mi camino. Aquella lectura, sin embargo, no desapareci\u00f3. Qued\u00f3 guardada en alg\u00fan lugar de mi memoria, a la espera de que los viajes, los duelos, las preguntas y la vida misma me permitieran volver a ella desde otra profundidad.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde regreso a la obra de Homero desde otro lugar. Ya no la leo para aprobar una asignatura. Vuelvo a ella despu\u00e9s de haber estudiado el griego, haber cruzado pa\u00edses y continentes y haber recorrido Grecia en varios viajes educativos junto con mis estudiantes. En aquellas traves\u00edas, atravesamos el pa\u00eds, visitamos lugares cargados de memoria y nos acercamos nuevamente al pensamiento de los grandes fil\u00f3sofos griegos, en un mundo cultural y literario profundamente marcado por Homero y la Odisea.<\/p>\n<p>Regreso tambi\u00e9n despu\u00e9s de haber estudiado la agricultura, la teolog\u00eda, la psicoterapia y las neurociencias, y de haber escuchado durante d\u00e9cadas las historias de tantas personas. En ese largo recorrido tambi\u00e9n he tenido que aprender a escuchar mi propia historia. Por eso la Odisea me habla hoy de una manera que no pod\u00eda anticipar cuando era estudiante de bachillerato. Ya no la contemplo solamente como una obra cl\u00e1sica que deb\u00eda conocer, sino como un texto que dialoga con mis viajes, mis preguntas, mis duelos, mis regresos y mi b\u00fasqueda por comprender lo que significa ser humano.<\/p>\n<p>La obra atribuida a Homero narra el prolongado regreso de Odiseo despu\u00e9s de la guerra de Troya. Su viaje hacia \u00cdtaca dura diez a\u00f1os y lo lleva por islas, mares, palacios, cuevas, naufragios, tentaciones y regiones habitadas por los muertos. La distancia m\u00e1s dif\u00edcil, sin embargo, no es la que separa Troya de \u00cdtaca. Odiseo tambi\u00e9n debe recorrer la distancia entre el guerrero que parti\u00f3 y el ser humano que intenta regresar (Homero, 1982, cantos I-XXIV).<\/p>\n<p>La traves\u00eda exterior se convierte en una exploraci\u00f3n del alma. En cada encuentro asoman su inteligencia y su arrogancia, su capacidad de amar, su deseo de reconocimiento, su miedo, su violencia y su nostalgia. No regresa intacto. Tampoco encuentra una \u00cdtaca inm\u00f3vil, conservada tal como la dej\u00f3. El viajero y la tierra han vivido historias distintas durante su separaci\u00f3n. Las personas damos continuidad a nuestra identidad al narrar y volver a narrar la vida desde las preguntas del presente; el relato conserva algo de lo vivido y, a la vez, cambia con nosotros (McAdams &amp; McLean, 2013).<\/p>\n<p>Ahora leo la <em>Odisea<\/em> para ponerla en conversaci\u00f3n con mi vida. Me permite contemplar mis partidas y regresos, los lugares que llegaron a ser hogar, los duelos, los aprendizajes y las contradicciones que me han formado. Por eso reconozco al Odiseo que habita en m\u00ed. No lo hago como una confesi\u00f3n de hero\u00edsmo. Odiseo no es un santo ni un modelo que deba imitarse en todas sus acciones. Su inteligencia convive con la arrogancia; la perseverancia no borra su violencia, y el amor por \u00cdtaca no cancela el sufrimiento causado durante la guerra ni la muerte de quienes no regresaron con \u00e9l.<\/p>\n<p>La hermen\u00e9utica del amor y la justicia me permite acercarme a su historia sin glorificar al vencedor ni condenarlo, como si su oscuridad no tuviera relaci\u00f3n conmigo. Ya no me pregunto solamente c\u00f3mo logr\u00f3 regresar. Tambi\u00e9n quiero saber qu\u00e9 clase de ser humano volvi\u00f3, qu\u00e9 aprendi\u00f3 en el camino, qui\u00e9nes pagaron el precio de su supervivencia y qu\u00e9 hizo con el poder cuando recuper\u00f3 su lugar.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/odisea3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3639 aligncenter\" src=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/odisea3.jpg\" alt=\"\" width=\"591\" height=\"866\" srcset=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/odisea3.jpg 591w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/odisea3-205x300.jpg 205w\" sizes=\"auto, (max-width: 591px) 100vw, 591px\" \/><\/a><\/p>\n<h1>El regreso a la tierra<\/h1>\n<p>Ahora estoy nuevamente entre mis vacas, mis gallinas, el cultivo de ma\u00edz, los \u00e1rboles de guan\u00e1bana y los sembrad\u00edos de caf\u00e9 y de cacao. Al recorrer esta tierra vuelvo a encontrarme con una parte antigua de mi historia. Reconozco labores que aprend\u00ed de ni\u00f1o y maneras de relacionarme con la vida que comenzaron mucho antes de que pudiera explicarlas.<\/p>\n<p>Crec\u00ed en el campo trabajando en la agricultura y la ganader\u00eda. Antes de estudiar filosof\u00eda, idiomas b\u00edblicos, teolog\u00eda, psicoterapia o neurociencias, los animales, los cultivos y las estaciones ya me ense\u00f1aban. La tierra fue mi primera escuela. All\u00ed aprend\u00ed que la vida posee ritmos que no se someten por completo a la voluntad humana. Se puede preparar el suelo, escoger la semilla, sembrar y cuidar el cultivo, pero llega un momento en que hay que esperar. La lluvia puede tardar. Una planta puede enfermar. Un animal puede necesitar cuidados que no producen el resultado deseado. El trabajo es indispensable, aunque no garantiza que todo ocurra como lo planeamos.<\/p>\n<p>La agricultura me ense\u00f1\u00f3 a vivir en la tensi\u00f3n entre la responsabilidad y el l\u00edmite. Hacemos lo que nos corresponde, pero no controlamos el conjunto de la vida. Preparamos la tierra sin poder obligar a la semilla a germinar; protegemos el cultivo sin ordenar a las nubes que produzcan lluvia; cuidamos un animal sabiendo que no podremos impedir toda enfermedad ni la muerte.<\/p>\n<p>Job expresa una sabidur\u00eda que yo hab\u00eda comenzado a recibir mucho antes de comprender el texto: \u00abPero interroga a los animales y ellos te dar\u00e1n una lecci\u00f3n; pregunta a las aves del cielo y ellas te lo contar\u00e1n; habla con la tierra y ella te ense\u00f1ar\u00e1\u00bb (Job 12:7-8, NVI). Las vacas me ense\u00f1aban la atenci\u00f3n constante. Las gallinas me introduc\u00edan en los ritmos cotidianos de la alimentaci\u00f3n, del refugio y del cuidado. El ma\u00edz mostraba que la semilla desaparece bajo tierra antes de levantarse hacia la luz, y los frutales recordaban que ning\u00fan fruto madura por la impaciencia de quien lo espera.<\/p>\n<p>El agricultor trabaja con procesos que comenzaron antes de su llegada y continuar\u00e1n despu\u00e9s de su partida. Recibe semillas cultivadas por generaciones anteriores y entrega a quienes vienen despu\u00e9s las consecuencias de la manera en que decidi\u00f3 tratar el suelo. La tierra conserva la memoria de nuestro cuidado y tambi\u00e9n las huellas de nuestra codicia.<\/p>\n<p>Cuando era joven, ve\u00eda la tierra principalmente como un lugar de trabajo y de producci\u00f3n. Ahora la reconozco como una comunidad de vida a la que pertenezco. No estoy fuera de ella, administrando recursos a distancia. Mi existencia depende de sus aguas, sus microorganismos, sus animales, sus ciclos y de la labor de muchas personas cuyos nombres casi nunca aparecen en las narraciones del progreso. He regresado a la tierra, pero no soy el mismo que sali\u00f3 de ella. Tampoco la veo igual.<\/p>\n<h1>La curiosidad que me hizo partir<\/h1>\n<p>Cuando ingres\u00e9 a la universidad en Venezuela, decid\u00ed estudiar tecnolog\u00eda agr\u00edcola y agronom\u00eda. Quer\u00eda comprender las plantas, sus enfermedades, sus procesos de crecimiento y las condiciones que favorec\u00edan su desarrollo. Mientras avanzaba en mis estudios, otra curiosidad comenz\u00f3 a crecer. Ya no me bastaba con estudiar la vida vegetal. Deseaba comprender al ser humano.<\/p>\n<p>Me preguntaba por su trascendencia, su espiritualidad y su necesidad de encontrar sentido. Quer\u00eda saber por qu\u00e9 una persona ama, teme, destruye, perdona, espera, ora o se desespera. Las plantas me hab\u00edan ense\u00f1ado c\u00f3mo la vida busca la luz, pero no pod\u00edan responder por qu\u00e9 un ser humano puede cerrar los ojos ante el sufrimiento de otro o arriesgar su propia seguridad para protegerlo.<\/p>\n<p>En algunos momentos de la vida escuchamos una voz que nos invita a salir de lo conocido. No siempre podemos explicar con precisi\u00f3n de d\u00f3nde viene ni hacia d\u00f3nde nos llevar\u00e1. A veces apenas reconocemos que ya no podemos permanecer en el mismo lugar. La historia de Abraham comienza con una partida: \u00abDeja tu tierra, tus parientes, la casa de tu padre y ve a la tierra que te mostrar\u00e9\u00bb (G\u00e9nesis 12:1, NVI). La promesa no elimina la incertidumbre. Abraham debe caminar antes de contemplar con claridad el lugar hacia el que se dirige.<\/p>\n<p>Algo semejante ocurri\u00f3 en mi peregrinaje. Una pregunta me llevaba a otra. Cada respuesta abr\u00eda un territorio que no hab\u00eda previsto. Salir no significaba rechazar la tierra de mi origen. La inquietud hab\u00eda nacido precisamente all\u00ed, entre cultivos, animales, familiares y comunidades que hab\u00edan formado mi primera manera de mirar el mundo.<\/p>\n<p>Las preguntas surgidas durante mis estudios agr\u00edcolas me llevaron al seminario teol\u00f3gico. Durante cuatro a\u00f1os estudi\u00e9 filosof\u00eda, idiomas b\u00edblicos y teolog\u00eda. Me acerqu\u00e9 a textos escritos por pueblos que hab\u00edan intentado comprender a Dios en medio de migraciones, guerras, cautiverios, celebraciones, injusticias, desiertos y esperanzas.<\/p>\n<p>Gran parte de la Biblia fue escrita por pueblos en movimiento. Abraham sale de su tierra; Jacob huye y regresa; Jos\u00e9 es llevado a Egipto; Mois\u00e9s aprende a vivir entre varias identidades; Israel atraviesa el desierto; Rut deja Moab y Noem\u00ed vuelve a Bel\u00e9n llevando consigo sus duelos. Los exiliados sue\u00f1an con Jerusal\u00e9n, Jes\u00fas recorre aldeas y caminos, Pablo cruza fronteras y mares, y Cleofas camina hacia Ema\u00fas tratando de comprender una esperanza que considera destruida.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 al seminario buscando respuestas y sal\u00ed con preguntas m\u00e1s profundas. Conoc\u00eda mejor las tradiciones, los textos sagrados y la historia de la fe, pero comprend\u00eda con mayor claridad todo lo que a\u00fan ignoraba sobre la persona. La teolog\u00eda no puso fin a mis interrogantes. Los llev\u00f3 hacia el misterio.<\/p>\n<h1>El viaje hacia el alma<\/h1>\n<p>Quer\u00eda comprender qu\u00e9 significa ser humano y vivir en relaci\u00f3n con otras personas. Me interesaba conocer la profundidad del alma, ese lugar donde habitan los temores que ocultamos, los anhelos que orientan nuestros pasos, los recuerdos que contin\u00faan influyendo en nuestras decisiones y las esperanzas que nos ayudan a levantarnos despu\u00e9s de los momentos dif\u00edciles.<\/p>\n<p>Esa b\u00fasqueda me llev\u00f3 del sur al norte de las Am\u00e9ricas. El viaje comenz\u00f3 mucho antes de que dominara el ingl\u00e9s y continu\u00f3 mientras aprend\u00eda a vivir en contextos culturales distintos. Primero resid\u00ed en el estado de Maine, luego en la ciudad de Boston y, finalmente, en Texas, donde complet\u00e9 mis estudios de doctorado.<\/p>\n<p>Cada lugar ampli\u00f3 mi comprensi\u00f3n del ser humano. Aprender ingl\u00e9s tambi\u00e9n signific\u00f3 escuchar otras maneras de narrar la familia, la fe, el dolor, la identidad y la esperanza. Algunas experiencias pod\u00edan traducirse con relativa facilidad; otras parec\u00edan perder algo al pasar de una lengua a otra. Las palabras no son recipientes neutrales. Llevan una historia, una cultura y una forma particular de ordenar la experiencia.<\/p>\n<p>Durante ese recorrido pude adentrarme en el estudio de la psique, palabra griega que suele traducirse como alma o vida interior. La psicoterapia me acerc\u00f3 a un territorio al que los libros solo pod\u00edan llevarme hasta cierto punto. Las teor\u00edas ofrec\u00edan mapas valiosos, pero las personas revelaban la complejidad real del camino.<\/p>\n<p>Durante muchos a\u00f1os he escuchado en el consultorio a seres humanos que llegaron con historias dif\u00edciles de narrar. Algunas experiencias hab\u00edan permanecido en silencio durante mucho tiempo. Otras apenas comenzaban a encontrar palabras. Algunas personas pod\u00edan describir con precisi\u00f3n lo sucedido, pero todav\u00eda no comprend\u00edan c\u00f3mo aquello segu\u00eda influyendo en sus decisiones, en sus relaciones y en su manera de verse a s\u00ed mismas.<\/p>\n<p>Al escucharlas comprend\u00ed que entrar en el alma de otra persona exige respeto, paciencia y humildad. Cada historia posee profundidades que ning\u00fan concepto puede abarcar por completo. Una persona nunca encaja por completo en un diagn\u00f3stico, una doctrina o una teor\u00eda psicol\u00f3gica. Proverbios lo expresa as\u00ed: \u00abEl prop\u00f3sito humano es como aguas profundas; el que es inteligente lo descubrir\u00e1\u00bb (Proverbios 20:5, NVI). No se entra en esas aguas con prisa. Podemos vivir durante a\u00f1os sin comprender algunas decisiones y seguir siendo extranjeros ante ciertos deseos. A veces necesitamos escuchar nuestra propia historia en presencia de otra persona para reconocer lo que siempre hab\u00eda estado all\u00ed.<\/p>\n<p>El viaje interior requiere valor. En el alma encontramos la bondad que nos sostiene y tambi\u00e9n los impulsos capaces de herirnos o de hacer da\u00f1o a los dem\u00e1s. El salmista se atreve a pedir: \u00abExam\u00edname, oh Dios, y conoce mi coraz\u00f3n; pru\u00e9bame y conoce mis ansiedades. F\u00edjate si voy por un camino que te ofende y gu\u00edame por el camino eterno\u00bb (Salmo 139:23-24, NVI). No es una oraci\u00f3n nacida del desprecio hacia s\u00ed mismo, sino del deseo de vivir con mayor verdad.<\/p>\n<p>Conocernos no significa condenarnos. Tampoco consiste en justificar todo lo que encontramos en nosotros. La exploraci\u00f3n del alma busca reconocer lo que favorece la vida y aquello que necesita l\u00edmites. Nos permite mirar nuestras luces sin idealizarnos y reconocer nuestras oscuridades sin reducir toda nuestra identidad a ellas.<\/p>\n<h1>Las luces y las oscuridades<\/h1>\n<p>Durante la traves\u00eda, Odiseo descubre que muchos peligros no provienen \u00fanicamente del mundo exterior. Algunos nacen dentro de \u00e9l. Ante Polifemo, demuestra inteligencia: se presenta como Nadie, enga\u00f1a al c\u00edclope y escapa con sus compa\u00f1eros. Cuando ya se encuentra a salvo, no tolera permanecer en el anonimato. Necesita proclamar su nombre y adjudicarse p\u00fablicamente la victoria. La astucia lo libera, pero la arrogancia prolonga su sufrimiento. El peligro no era solamente el c\u00edclope. Tambi\u00e9n era la necesidad de Odiseo de ser reconocido (Homero, 1982, canto IX).<\/p>\n<p>Esa tensi\u00f3n forma parte de la condici\u00f3n humana. Deseamos que nuestro nombre sea conocido. Queremos que se reconozcan nuestros esfuerzos, capacidades y logros. Ese deseo puede ser leg\u00edtimo, especialmente para quienes han vivido silenciados o han sido tratados como si no tuvieran nombre. La dignidad necesita poder decir qui\u00e9n es.<\/p>\n<p>El problema surge cuando la afirmaci\u00f3n de nuestra identidad depende de reducir al otro. Puedo celebrar a mi pueblo sin declarar inferior a otro pueblo, amar mi lengua sin silenciar la lengua ajena y valorar mi tradici\u00f3n religiosa sin convertirla en un instrumento de dominaci\u00f3n. Tambi\u00e9n puedo reconocer mis logros sin olvidar a quienes hicieron posible mi camino.<\/p>\n<p>G\u00e9nesis 4 presenta a Ca\u00edn ante un peligro similar. El resentimiento convierte al hermano en rival. Dios le pregunta por su enojo antes del homicidio y por Abel despu\u00e9s de la muerte. Ambas preguntas buscan despertar la responsabilidad. El pecado aparece ligado a una conducta que acecha y desea dominarlo, no a la esencia de su ser.<\/p>\n<p>La oscuridad no tiene que ser negada, aunque tampoco debe recibir el gobierno de la vida. Integrar no significa otorgar la misma autoridad a todo deseo. Significa reconocer lo que vive dentro de nosotros, comprender su historia y evitar que aquello que puede destruir se convierta en se\u00f1or de nuestras decisiones.<\/p>\n<h1>Las sirenas y los l\u00edmites que protegen<\/h1>\n<p>Las sirenas cantan aquello que Odiseo desea escuchar. No le ofrecen nada que sea completamente extra\u00f1o. Su poder consiste en encontrar un deseo que ya vive dentro de \u00e9l: prometen conocimiento, placer, reconocimiento y una experiencia que parece imposible rechazar. Odiseo sabe que la voluntad no bastar\u00e1. Pide que lo aten al m\u00e1stil mientras sus compa\u00f1eros se cubren los o\u00eddos. El Odiseo l\u00facido establece una estructura para proteger al Odiseo que ser\u00e1 seducido (Homero, 1982, canto XII).<\/p>\n<p>La escena ayuda a comprender que no todos los l\u00edmites son enemigos de la libertad. Existen cadenas impuestas para dominar, pero tambi\u00e9n compromisos libremente asumidos para proteger la vida. Una promesa, una norma \u00e9tica, una comunidad responsable, un l\u00edmite financiero, una rutina de cuidado o una barrera entre la persona y aquello que puede destruirla pueden desempe\u00f1ar la funci\u00f3n del m\u00e1stil.<\/p>\n<p>La Tor\u00e1 ofrece estructuras semejantes. El s\u00e1bado detiene la explotaci\u00f3n y recuerda que la persona, la familia, el trabajador, la persona extranjera y los animales necesitan descanso. Las normas sobre la tierra, la deuda y la cosecha limitan la acumulaci\u00f3n y la capacidad del poderoso para convertir su libertad en la opresi\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La libertad no consiste en hacer todo lo que deseamos. Requiere discernir qu\u00e9 deseos favorecen la vida y cu\u00e1les pueden convertirnos en esclavos. Pablo reconoce esta lucha cuando admite que hace aquello que aborrece (Romanos 7:15). No describe dos seres separados, sino una persona integral atravesada por h\u00e1bitos, convicciones, impulsos, memorias y contradicciones. El m\u00e1stil no destruye el deseo; impide que el deseo se convierta en tirano.<\/p>\n<h1>La libertad y la nostalgia por lo conocido<\/h1>\n<p>Los seres humanos anhelamos la libertad, pero esta conlleva incertidumbre. Lo conocido puede ser doloroso y, aun as\u00ed, parecer m\u00e1s seguro que un futuro impredecible. Parte de la investigaci\u00f3n contempor\u00e1nea describe al cerebro como un sistema que anticipa lo que puede ocurrir y ajusta sus predicciones a la experiencia. La familiaridad reduce cierta incertidumbre; lo nuevo exige aprendizaje y reorganizaci\u00f3n. Por eso una persona puede desear un cambio y, al mismo tiempo, resistirse a abandonar aquello que conoce (Friston, 2010).<\/p>\n<p>Esta tensi\u00f3n aparece en el relato del \u00c9xodo. El pueblo sale de la esclavitud, pero en el desierto recuerda la comida de Egipto. No a\u00f1ora necesariamente la opresi\u00f3n. A\u00f1ora la previsibilidad. En Egipto sab\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda esperar, aunque aquello que esperaba fuera la explotaci\u00f3n. En el desierto posee libertad, pero a\u00fan debe aprender a vivirla.<\/p>\n<p>Salir de Egipto no significa que Egipto haya salido de la imaginaci\u00f3n. La liberaci\u00f3n pol\u00edtica no elimina de inmediato los h\u00e1bitos aprendidos bajo el dominio. Una persona puede abandonar una relaci\u00f3n destructiva y seguir interpretando a los dem\u00e1s desde el miedo. Una comunidad puede salir de un r\u00e9gimen opresivo y reproducir sus jerarqu\u00edas. El imperio puede retirarse del territorio mientras permanezca dentro de las instituciones, los afectos y las expectativas.<\/p>\n<p>Los lot\u00f3fagos representan otra forma de cautiverio. Quien come el loto deja de desear el regreso. El alivio se alcanza mediante el olvido: el viajero ya no recuerda qui\u00e9n es, de d\u00f3nde viene ni hacia d\u00f3nde se dirig\u00eda (Homero, 1982, canto IX). Olvidar puede proteger temporalmente del dolor, pero cuando el alivio exige borrar la identidad, se convierte en otra prisi\u00f3n. La memoria puede herir y, a la vez, sostener la capacidad de actuar. Nos permite reconocer lo vivido, nombrar las injusticias y decidir qu\u00e9 no queremos repetir.<\/p>\n<p>La Biblia no presenta la libertad como la ausencia absoluta de l\u00edmites. La vincula con la memoria, la responsabilidad y la justicia. El \u00c9xodo no termina cuando Israel atraviesa el mar. All\u00ed comienza el dif\u00edcil aprendizaje de vivir sin fara\u00f3n y de impedir que los liberados reproduzcan entre s\u00ed la misma l\u00f3gica que los oprimi\u00f3.<\/p>\n<h1>La existencia como movimiento el\u00edptico<\/h1>\n<p>Nuestra vida no avanza en l\u00ednea recta. Tampoco se mueve en un c\u00edrculo que nos devuelve exactamente al mismo punto. Quien regresa ya no es id\u00e9ntico a quien parti\u00f3, y el lugar al que vuelve tampoco ha permanecido intacto. La elipse ofrece una imagen m\u00e1s cercana a la existencia. Tiene dos focos. Uno puede representar el pasado que nos form\u00f3 y el otro, el futuro que nos llama. El presente es la trayectoria viva que se mueve bajo la influencia de ambos.<\/p>\n<p>En algunos momentos nos acercamos al recuerdo. En otros, la esperanza del ma\u00f1ana adquiere mayor fuerza. A veces el pasado pesa tanto que parece determinarlo todo. Otras veces el futuro nos seduce de tal manera que dejamos de habitar la vida que tenemos delante. Somos seres teleol\u00f3gicos porque nos orientamos hacia metas y posibilidades que a\u00fan no existen. Estudiamos, trabajamos, migramos, amamos, creamos y resistimos porque podemos imaginar un ma\u00f1ana diferente. La promesa de alguna \u00cdtaca posible nos hace remar.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n somos seres arqueol\u00f3gicos. Excavamos en nuestra historia para comprender los sedimentos que contin\u00faan influyendo en nosotros. Debajo de ciertos temores, decisiones y deseos encontramos palabras escuchadas durante la ni\u00f1ez; en otras capas aparecen duelos que no hab\u00edan desaparecido, aunque hubieran permanecido en silencio. La identidad narrativa re\u00fane esas experiencias sin convertirlas en un relato fijo: volvemos sobre lo vivido desde el lugar que ocupamos hoy (McAdams &amp; McLean, 2013). Caminamos hacia el futuro con materiales del ayer.<\/p>\n<p>La memoria sin esperanza puede paralizarnos. La esperanza sin memoria puede convertirnos en conquistadores que avanzan sin reconocer las vidas y las tierras sobre las que caminamos. Habitar la existencia de manera el\u00edptica exige conservar ambos focos. Recordamos para no repetir la opresi\u00f3n y esperamos para no aceptar que la injusticia presente sea definitiva.<\/p>\n<h1>Cuarenta a\u00f1os de peregrinaje<\/h1>\n<p>Han transcurrido cerca de cuarenta a\u00f1os desde que comenz\u00f3 mi peregrinaje. Para realizarlo cruc\u00e9 pa\u00edses y continentes. Viv\u00ed despedidas, incertidumbres y comienzos que me exigieron volver a aprender. Esta historia no puede narrarse solo mediante t\u00edtulos acad\u00e9micos o logros profesionales. Tambi\u00e9n contiene cansancio, errores, dudas, encuentros, duelos, celebraciones y a las personas que me sostuvieron cuando el camino se volvi\u00f3 dif\u00edcil.<\/p>\n<p>Deuteronomio conserva una invitaci\u00f3n que resuena en mi propia historia: \u00abRecuerda que durante cuarenta a\u00f1os el Se\u00f1or tu Dios te llev\u00f3 por todo el camino del desierto\u00bb (Deuteronomio 8:2, NVI). La memoria b\u00edblica no selecciona solo los momentos de victoria. Recuerda el hambre, el miedo, los conflictos y el deseo de regresar. Tambi\u00e9n guarda el alimento recibido, las fuentes encontradas y la presencia de quienes ayudaron a sostener la vida.<\/p>\n<p>Cuando miro mi recorrido, no veo una sucesi\u00f3n ordenada de decisiones que condujo inevitablemente a un destino. Veo preguntas que han generado otras. Veo caminos que no hab\u00eda previsto. Reconozco a personas cuya presencia cambi\u00f3 mi rumbo. Recuerdo momentos en los que no sab\u00eda con claridad qu\u00e9 vendr\u00eda despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n contemplo mis duelos. Algunas personas que formaron mi historia murieron y su ausencia transform\u00f3 mi relaci\u00f3n con el tiempo, la fe, la esperanza y la mortalidad. No quedaron fuera de mi peregrinaje. Contin\u00faan presentes, de otra manera, en mis recuerdos, valores, decisiones y formas de amar.<\/p>\n<h1>El descenso al mundo de los muertos<\/h1>\n<p>Odiseo no puede regresar a \u00cdtaca sin descender primero al mundo de los muertos. All\u00ed encuentra a su madre, escucha a Tiresias y conversa con quienes murieron en la guerra. El pasado no queda atr\u00e1s; los muertos forman parte del camino de regreso (Homero, 1982, canto XI). La ruptura relacional producida por la muerte transforma la vida, pero no destruye por completo la relaci\u00f3n. Quien ha muerto contin\u00faa presente en palabras, gestos, recuerdos, ense\u00f1anzas y decisiones de quienes siguen vivos.<\/p>\n<p>El duelo no consiste en expulsarla de nuestra historia. Consiste en integrar la relaci\u00f3n transformada en la biograf\u00eda. La Biblia Hebrea no oculta el descenso al dolor. Jacob se niega a ser consolado ante la supuesta muerte de Jos\u00e9. Job protesta sentado entre cenizas. Noem\u00ed regresa a Bel\u00e9n llevando consigo las muertes sufridas en Moab. Los Salmos de lamento permiten expresar el dolor sin censura. Lamentaciones recorre los escombros de Jerusal\u00e9n y se niega a llamar paz a la destrucci\u00f3n. Los Escritos Cristianos Can\u00f3nicos tampoco presentan la fe como una evasi\u00f3n del duelo. Jes\u00fas llora ante la tumba de L\u00e1zaro. Las mujeres caminan hacia la tumba de Jes\u00fas. Cleofas y su compa\u00f1ero se dirigen a Ema\u00fas narrando una esperanza que consideran destruida.<\/p>\n<p>El mundo de los muertos le ense\u00f1a a Odiseo que no puede regresar como solo un guerrero. Debe escuchar las voces que la guerra silenci\u00f3 y reconocer que su historia est\u00e1 unida a la de quienes no pudieron continuar el viaje. Tiresias anuncia que la llegada a \u00cdtaca tampoco pondr\u00e1 fin a su recorrido. Odiseo tendr\u00e1 que emprender otra traves\u00eda, llevando un remo hacia el interior de la tierra, hasta encontrar personas que no sepan qu\u00e9 objeto lleva sobre el hombro. All\u00ed deber\u00e1 plantarlo (Homero, 1982, canto XI).<\/p>\n<p>La imagen me resulta profundamente significativa. El navegante debe llevar el mar hacia una tierra que no conoce. La herramienta utilizada durante la traves\u00eda necesita adquirir un significado distinto. En alg\u00fan momento, el remo debe plantarse. Quien ha pasado a\u00f1os resistiendo necesita aprender a descansar. El guerrero debe aprender a vivir fuera de la guerra. El sobreviviente necesita descubrir que la supervivencia, por s\u00ed sola, no constituye una vida plena.<\/p>\n<h1>El viaje hacia los dem\u00e1s<\/h1>\n<p>Las historias que escuch\u00e9 en el consultorio formaron parte de mi educaci\u00f3n. Me ense\u00f1aron que el viaje hacia el interior no puede separarse del viaje hacia los dem\u00e1s. Podemos explorar nuestra alma y permanecer encerrados en nosotros mismos. El conocimiento interior alcanza una finalidad \u00e9tica cuando nos ayuda a reconocer mejor la humanidad de la otra persona. Conocernos deber\u00eda ampliar nuestra capacidad de escuchar, reparar, establecer l\u00edmites justos y responder al sufrimiento que encontramos en el camino.<\/p>\n<p>El relato de Ema\u00fas ha influido en mi manera de escuchar. \u00abSucedi\u00f3 que, mientras hablaban y discut\u00edan, Jes\u00fas mismo se acerc\u00f3 y comenz\u00f3 a caminar con ellos\u00bb (Lucas 24:15, NVI). Se aproxima a Cleofas y a su acompa\u00f1ante sin hacer alarde de su identidad ni interrumpirlos para corregir su interpretaci\u00f3n. Primero escucha lo ocurrido desde la perspectiva de dos personas que han visto derrumbarse sus esperanzas.<\/p>\n<p>La transformaci\u00f3n comienza mientras caminan. Las preguntas, la memoria, la interpretaci\u00f3n y el reconocimiento se sit\u00faan en una relaci\u00f3n que se desarrolla paso a paso. Entrar en la historia de otro ser humano exige algo semejante. Hay que acercarse sin ocupar de inmediato el centro. Se necesita escuchar antes de explicar. Las preguntas deben abrir un espacio para que la persona narre lo sucedido con sus propias palabras.<\/p>\n<p>La par\u00e1bola del samaritano a\u00f1ade otra dimensi\u00f3n: \u00abPero un samaritano que iba de viaje lleg\u00f3 adonde estaba el hombre y vi\u00e9ndolo, se compadeci\u00f3 de \u00e9l\u00bb (Lucas 10:33, NVI). El sufrimiento ajeno interrumpe su itinerario. Todo peregrinaje \u00e9tico contiene interrupciones. Podemos tener metas leg\u00edtimas y aun as\u00ed necesitar detenernos ante alguien que sufre. La persona herida no es un obst\u00e1culo que impida avanzar; su presencia revela qu\u00e9 clase de viajeros estamos siendo.<\/p>\n<p>La psicoterapia me llev\u00f3 al interior del alma, pero las historias escuchadas all\u00ed me devolvieron a la vida social. El sufrimiento no siempre nace de procesos individuales. Puede estar relacionado con la pobreza, la discriminaci\u00f3n, la violencia, el desplazamiento, la explotaci\u00f3n y los silencios familiares, culturales o religiosos.<\/p>\n<p>Una lectura decolonial se resiste a convertir todo sufrimiento en un problema privado. Pregunta qu\u00e9 estructuras producen miedo, verg\u00fcenza, exclusi\u00f3n o desesperaci\u00f3n y qui\u00e9n se beneficia cuando una persona aprende a culparse por un dolor de ra\u00edz social. Pablo resume una pr\u00e1ctica comunitaria sencilla y exigente: \u00abAl\u00e9grense con los que est\u00e1n alegres; lloren con los que lloran\u00bb (Romanos 12:15, NVI). Necesitamos aprender ambas cosas: celebrar sin envidia y recibir el llanto sin apresurar a quien est\u00e1 de duelo ni convertir su dolor en una lecci\u00f3n.<\/p>\n<h1>Habitar mundos diversos<\/h1>\n<p>Vivir en varios pa\u00edses y echar ra\u00edces en dos de ellos me ha permitido comprender que una persona puede aprender a habitar mundos distintos sin tener que renunciar a uno para pertenecer al otro. Cada lugar ofrece una manera particular de comprender la vida, las relaciones, la fe, el trabajo, la memoria y el futuro. Con el tiempo, esas formas de ver el mundo comienzan a dialogar entre s\u00ed en nosotros.<\/p>\n<p>Cuando estaba lejos, extra\u00f1aba la tierra de la que hab\u00eda partido. Al regresar, tambi\u00e9n aparec\u00eda la nostalgia por el lugar donde hab\u00eda vivido, estudiado, trabajado y forjado relaciones significativas. Al principio, esta experiencia pod\u00eda parecer una divisi\u00f3n. M\u00e1s tarde comprend\u00ed que no estaba obligado a elegir una pertenencia y negar la otra.<\/p>\n<p>Con el tiempo comprend\u00ed que no estaba obligado a escoger una pertenencia y negar la otra. Tomo aqu\u00ed, de manera libre, una expresi\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abDeb\u00edan haber practicado esto sin descuidar aquello\u00bb (Mateo 23:23, NVI). En su contexto, Jes\u00fas habla de la justicia, la misericordia, la fidelidad y las pr\u00e1cticas religiosas. La frase tambi\u00e9n me ayuda a nombrar una posibilidad personal: honrar mis ra\u00edces sin cerrar la puerta a lo aprendido en otros lugares e integrarme a otra cultura sin borrar la historia que me form\u00f3.<\/p>\n<p>La hibridez no es una deficiencia ni una identidad incompleta. Puede convertirse en una fortaleza, aunque tampoco conviene romantizarla, porque vivir entre mundos implica tensiones, p\u00e9rdidas y relaciones de poder desiguales. Quien aprende a habitar espacios culturales distintos puede desarrollar la capacidad de traducir, relacionar perspectivas y cuestionar la pretensi\u00f3n de que una cultura agota las posibilidades de lo humano. La hibridez abre un espacio de negociaci\u00f3n y creaci\u00f3n que no se reduce a ninguno de los mundos que lo hicieron posible (Anzald\u00faa, 1987; Bhabha, 1994).<\/p>\n<p>Pentecost\u00e9s ofrece una imagen de comuni\u00f3n sin homogeneizaci\u00f3n (Hechos 2:5-11). El Esp\u00edritu no elimina las lenguas ni obliga a todas las personas a hablar el idioma del grupo dominante. Cada una escucha en su propia lengua. La unidad no exige borrar la diferencia.<\/p>\n<p>Mi identidad no necesita ser uniforme para conservar la coherencia. Puedo llevar dentro de m\u00ed m\u00e1s de una lengua, m\u00e1s de una memoria cultural y m\u00e1s de una manera de interpretar la realidad. Esa diversidad interior no tiene por qu\u00e9 producir fragmentaci\u00f3n. Puede ampliar la sensibilidad y favorecer el encuentro con otras personas que tambi\u00e9n viven entre fronteras, historias y pertenencias.<\/p>\n<p>Mis ra\u00edces no est\u00e1n encerradas en un solo territorio. Algunas permanecen en la tierra donde nac\u00ed. Otras crecieron en los lugares donde continu\u00f3 mi historia. No necesito disminuir una para afirmar la otra. Soy alguien que vive aqu\u00ed sin dejar de llevar consigo algo de all\u00e1.<\/p>\n<h1>El regreso decolonial<\/h1>\n<p>La <em>Odisea<\/em> comienza despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de Troya. Odiseo no regresa de un viaje inocente sino de una guerra de conquista. Mientras anhela reunirse con Pen\u00e9lope y recuperar su casa, numerosas familias troyanas lloran a quienes nunca volver\u00e1n. Mientras \u00e9l recuerda \u00cdtaca, otras casas fueron incendiadas. Las relecturas anticoloniales y poscoloniales de la obra han mostrado que el regreso, la identidad y el hogar cambian de sentido cuando se leen desde los pueblos marcados por la esclavitud, el desplazamiento y el imperialismo (Greenwood, 2007; McConnell, 2013).<\/p>\n<p>La lectura decolonial impide contemplar el retorno \u00fanicamente desde la perspectiva del vencedor. Pregunta por las personas cuyos nombres fueron borrados de la narraci\u00f3n heroica, recuerda a los compa\u00f1eros que remaron, lucharon y murieron mientras Odiseo continuaba, y escucha a las mujeres tratadas como bot\u00edn de guerra y a las personas esclavizadas cuya vida queda subordinada a la gloria del h\u00e9roe.<\/p>\n<p>Odiseo sobrevive muchas veces porque otros mueren. Una lectura centrada \u00fanicamente en su hero\u00edsmo puede presentar esas muertes como incidentes necesarios para que la historia avance. La hermen\u00e9utica del amor y la justicia tambi\u00e9n pregunta por sus familias, sus sue\u00f1os y su derecho a regresar.<\/p>\n<p>Todo liderazgo debe confrontar esta pregunta: \u00bfse ha construido mi \u00cdtaca sobre el naufragio de quienes remaron conmigo? Tambi\u00e9n necesita reconocer si celebra su llegada mientras oculta el cansancio de quienes hicieron posible el camino. Ning\u00fan logro se explica solo por la capacidad de una persona. Odiseo depende de sus compa\u00f1eros, de los feacios, de Tel\u00e9maco, Euriclea, Eumeo y Pen\u00e9lope. La identidad es singular, pero se forma en relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una lectura decolonial tambi\u00e9n examina la manera en que se representa a las mujeres. Circe, Calipso, las sirenas y Pen\u00e9lope no pueden reducirse a obst\u00e1culos o tentaciones en el camino del var\u00f3n. Poseen historias, deseos y sufrimientos propios. El peligro no reside en la mujer que seduce, sino en el deseo humano de poseer, dominar, permanecer eternamente admirado o escapar de la responsabilidad. La hermen\u00e9utica del amor y la justicia pregunta qui\u00e9n tiene voz, qui\u00e9n puede regresar, qui\u00e9n posee la casa y qui\u00e9n paga el costo de restaurarla.<\/p>\n<h1>Pen\u00e9lope y el hogar que reconoce<\/h1>\n<p>Odiseo llega a \u00cdtaca disfrazado. Estar f\u00edsicamente en la isla no significa que haya regresado plenamente. Necesita ser reconocido por quienes forman parte de su historia. Argos lo reconoce; Euriclea identifica su cicatriz; Tel\u00e9maco descubre a su padre. Pen\u00e9lope, despu\u00e9s de a\u00f1os de rumores y enga\u00f1os, exige algo m\u00e1s que la mera afirmaci\u00f3n del hombre que dice ser su esposo (Homero, 1982, canto XXIII).<\/p>\n<p>La prueba decisiva se relaciona con el lecho matrimonial construido alrededor de un olivo vivo. Odiseo sabe que no puede trasladarse porque \u00e9l mismo conoce c\u00f3mo fue hecho. Pen\u00e9lope lo reconoce por un saber compartido, \u00edntimo y relacional. El guerrero puede demostrar su fuerza con el arco; el esposo muestra qui\u00e9n es al recordar el lugar donde se sostiene la relaci\u00f3n (Homero, 1982, canto XXIII).<\/p>\n<p>El hogar no est\u00e1 formado solo por paredes ni por territorio. Se construye mediante memorias compartidas, reconocimiento, cuidado y reciprocidad. \u00cdtaca puede ser una tierra, pero tambi\u00e9n una lengua, una mesa, una relaci\u00f3n, una comunidad o una forma de nombrar a Dios. Regresar no siempre implica trasladarse geogr\u00e1ficamente. Puede significar recuperar una voz silenciada, reconciliarse con la propia historia o restaurar v\u00ednculos que la violencia intent\u00f3 destruir.<\/p>\n<p>El relato de Lucas 15 presenta otro regreso. El hijo decide volver cuando entra en s\u00ed. Su retorno comienza antes de llegar a la propiedad del padre. Comienza dentro de \u00e9l cuando reconoce lo sucedido y decide emprender el camino. Sin embargo, la casa no queda completamente restaurada a su llegada. El hermano mayor permanece fuera. Toda \u00cdtaca contiene conflictos no resueltos. El regreso de una persona no garantiza la reconciliaci\u00f3n de la comunidad. El hogar necesita escuchar a quien vuelve y tambi\u00e9n a quienes permanecieron, esperaron, trabajaron, resistieron y sufrieron durante su ausencia.<\/p>\n<h1>Cuando la justicia se convierte en venganza<\/h1>\n<p>El regreso de Odiseo culmina en una violencia que no puede ignorarse. Los pretendientes han abusado de la hospitalidad, han consumido los bienes de la casa y han amenazado a Tel\u00e9maco. Sus acciones requieren una respuesta, pero la justicia se convierte en matanza. La violencia tambi\u00e9n alcanza a personas con mucho menos poder: doce mujeres esclavizadas son obligadas a limpiar la sala y luego son ahorcadas por orden de Tel\u00e9maco. Sus historias no son escuchadas y el relato apenas examina las relaciones de coerci\u00f3n en las que vivieron (Homero, 1982, canto XXII).<\/p>\n<p>No basta con celebrar que el h\u00e9roe recuper\u00f3 su casa. Es necesario preguntar qu\u00e9 clase de casa fue restaurada y sobre qu\u00e9 cad\u00e1veres se restableci\u00f3 su autoridad. La justicia pierde su orientaci\u00f3n cuando reproduce la misma deshumanizaci\u00f3n que pretend\u00eda corregir. La Biblia conoce esta tensi\u00f3n. Los profetas denuncian la violencia aun cuando la ejerce el propio pueblo, porque la elecci\u00f3n divina no autoriza la impunidad. Miqueas lo expresa con claridad: \u00abPracticar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios\u00bb (Miqueas 6:8, NVI).<\/p>\n<p>Algo semejante puede reconocerse en el relato de Ca\u00edn y Abel. Ca\u00edn interpreta la respuesta del Creador como un favor concedido a su hermano y un rechazo hacia \u00e9l. El texto no explica la raz\u00f3n de la diferencia entre las ofrendas ni afirma que Ca\u00edn buscara justicia; esa es una lectura posible de su experiencia de agravio. Desde su perspectiva, Abel ocupa el lugar del reconocido y del protegido. En vez de dirigir su protesta a Dios o expresar el dolor que siente, convierte a su hermano en responsable de la preferencia que atribuye al Creador.<\/p>\n<p>Ca\u00edn intenta corregir mediante la violencia una situaci\u00f3n que percibe como injusta. Busca eliminar al favorecido y, al hacerlo, convierte su reclamo de justicia en homicidio. Abel no hab\u00eda creado la diferencia entre las ofrendas ni ten\u00eda poder sobre la respuesta divina, pero termin\u00f3 pagando con su vida por el resentimiento de su hermano. El acto de Ca\u00edn revela c\u00f3mo el deseo de justicia puede corromperse cuando deja de reconocer la humanidad del otro y convierte a una persona en un s\u00edmbolo de todo aquello que nos hiere.<\/p>\n<p>El relato no niega la experiencia de agravio de Ca\u00edn. Dios mismo se acerca y le pregunta por su enojo. Sin embargo, tampoco permite que ese enojo justifique la destrucci\u00f3n de Abel. La pregunta divina procura abrir un espacio entre la emoci\u00f3n y la conducta, entre el dolor sentido y el da\u00f1o que a\u00fan puede evitarse. Ca\u00edn pod\u00eda reconocer su enojo sin convertirlo en asesinato. Pod\u00eda cuestionar lo ocurrido sin eliminar a quien consideraba beneficiado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del homicidio, \u00abel Se\u00f1or pregunt\u00f3 a Ca\u00edn: \u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano Abel? \u2014No lo s\u00e9 \u2014respondi\u00f3\u2014. \u00bfAcaso soy yo el que debe cuidar a mi hermano?\u00bb (G\u00e9nesis 4:9, NVI). La pregunta devuelve la justicia al terreno de la relaci\u00f3n. Ca\u00edn no puede hablar de su propio agravio sin responder por la vida de Abel. Su contestaci\u00f3n expresa la ruptura que el relato denuncia: la vida del otro tambi\u00e9n nos concierne.<\/p>\n<p>Odiseo corre un peligro similar cuando la recuperaci\u00f3n de su casa se convierte en una matanza. Como Ca\u00edn, puede creer que la ofensa recibida autoriza una respuesta sin l\u00edmites. En ambos relatos, la violencia pretende reparar un orden herido, pero acaba creando una injusticia mayor. La casa recuperada mediante la deshumanizaci\u00f3n del otro deja de ser un hogar justo. La justicia que necesita cad\u00e1veres para demostrar su poder ha perdido el rumbo.<\/p>\n<p>El final de la <em>Odisea<\/em> reconoce que la matanza de los pretendientes amenaza con desencadenar otra guerra. Sus familiares buscan venganza y la paz exige detener la cadena de represalias (Homero, 1982, canto XXIV). La plenitud no llega cuando derrotamos a todas las personas que consideramos enemigas, sino cuando dejamos de necesitar enemigos para saber qui\u00e9nes somos.<\/p>\n<h1>\u00cdtaca como hogar abierto<\/h1>\n<p>La hospitalidad ocupa un lugar central en la <em>Odisea<\/em>. La forma en que una casa recibe a una persona extranjera revela su orientaci\u00f3n moral. El hu\u00e9sped puede ser protegido o tratado como una amenaza. La casa puede convertirse en un refugio o en una fortaleza cerrada.<\/p>\n<p>La Tor\u00e1 ordena amar a la persona extranjera porque Israel conoci\u00f3 la extranjer\u00eda (Deuteronomio 10:18-19). Rut, siendo moabita, entra en la historia de Israel; El\u00edas recibe alimento de una viuda extranjera; la familia de Jes\u00fas busca refugio en Egipto. Hebreos resume esta memoria en una exhortaci\u00f3n: \u00abNo se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron \u00e1ngeles\u00bb (Hebreos 13:2, NVI).<\/p>\n<p>Una \u00cdtaca cerrada termina pareci\u00e9ndose al imperio. El amor por la tierra se vuelve idol\u00e1trico cuando necesita deshumanizar a quien viene de fuera. La seguridad que depende de negar la humanidad del extranjero ya ha destruido algo esencial de la casa. El hogar necesita ra\u00edces y puertas. Las ra\u00edces conservan memoria y pertenencia. Las puertas permiten recibir, compartir, aprender y transformarse.<\/p>\n<p>Celebrar lo nuestro no exige degradar lo ajeno. Podemos amar nuestra tierra sin imaginar que las dem\u00e1s est\u00e1n habitadas por b\u00e1rbaros, enemigos o monstruos; podemos pronunciar nuestro nombre con dignidad sin silenciar el del otro y afirmar nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras costumbres sin convertirlas en la medida absoluta de lo humano.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre con la fe. Una convicci\u00f3n religiosa no necesita alimentarse del desprecio hacia las afiliaciones de otras personas. Cuando solo puede sostenerse al presentar las dem\u00e1s tradiciones como inferiores, revela m\u00e1s inseguridad que firmeza. La profundidad de la fe se reconoce en la manera de vivir, de tratar al pr\u00f3jimo, de buscar la justicia y de respetar la conciencia ajena. Nuestros logros tampoco requieren la humillaci\u00f3n de quienes recorrieron otros caminos. Toda realizaci\u00f3n personal lleva las huellas de personas, oportunidades y circunstancias que hicieron posible el recorrido.<\/p>\n<p>Esta \u00e9tica se extiende tambi\u00e9n a la manera de hablar sobre las relaciones. Podemos agradecer una relaci\u00f3n nueva sin degradar a la persona con quien compartimos una etapa anterior. No hace falta destruir el valor de lo vivido para reconocer que una relaci\u00f3n termin\u00f3, cambi\u00f3 o lleg\u00f3 a ser insostenible. Convertir el pasado en una historia de desprecio para justificar el presente puede ser una forma de violencia narrativa.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n madura de lo propio no depende de comparaciones humillantes. Puedo amar mi tierra sin despreciar la tuya, celebrar mi fe sin atacar la tuya, reconocer mis logros sin disminuir los tuyos y agradecer una relaci\u00f3n nueva sin convertir a la persona anterior en enemiga. La identidad adquiere firmeza cuando puede expresarse con libertad y deja espacio para que el otro exista con la misma dignidad.<\/p>\n<h1>Regresar no es repetir<\/h1>\n<p>Ahora, al regresar a mis vacas, mis gallinas y mis cultivos, comprendo de otra manera aquello que fui a buscar tan lejos. La agricultura, la teolog\u00eda, la psicoterapia y las neurociencias ya no me parecen mundos separados. En cada uno he intentado comprender la vida, los procesos que la sostienen, las fuerzas que pueden deteriorarla y las relaciones que favorecen su desarrollo.<\/p>\n<p>En el trabajo agr\u00edcola aprend\u00ed a preparar la tierra sin pretender controlar la semilla. La psicoterapia me ense\u00f1\u00f3 a escuchar sin apropiarme de la historia de otra persona. La teolog\u00eda me acerc\u00f3 al misterio sin permitirme encerrarlo en una doctrina, y las neurociencias ampliaron mi comprensi\u00f3n de ciertos procesos sin reducir al ser humano a la actividad del cerebro.<\/p>\n<p>La tierra vuelve a ense\u00f1arme. Un sembrad\u00edo muestra los efectos de a\u00f1os de cuidado y las huellas del abandono. Los animales dependen de decisiones humanas que pueden protegerlos o hacerles da\u00f1o. El suelo puede alimentar durante generaciones, pero tambi\u00e9n puede agotarse cuando se le exige producir sin descanso.<\/p>\n<p>Volver al campo desde una hermen\u00e9utica del amor y la justicia transforma mi relaci\u00f3n con la agricultura. La tierra no es un objeto sin l\u00edmites. Cuidarla exige recibir sus frutos sin destruir su capacidad de seguir dando vida. Requiere tratar a los animales como seres vivos bajo nuestra responsabilidad y recordar que el bienestar humano no puede construirse a costa del deterioro de aquello que sostiene la existencia.<\/p>\n<p>La tierra que encuentro no es una pieza conservada del pasado. Ella tambi\u00e9n ha atravesado estaciones, cambios, cuidados y descuidos. Algunas plantas crecieron. Otras desaparecieron. Los paisajes contin\u00faan transform\u00e1ndose mientras estamos lejos. El encuentro ocurre entre una tierra transformada y un hombre que tampoco permaneci\u00f3 inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>Volver no reproduce mi infancia; abre una nueva relaci\u00f3n con ella. Puedo reconocer mis ra\u00edces sin fingir que los a\u00f1os no han pasado y honrar al joven que parti\u00f3 sin obligar al hombre que regresa a vivir como si nunca hubiera salido. He vuelto con las historias escuchadas en el consultorio, los libros le\u00eddos, las preguntas nacidas en el seminario, lo aprendido al estudiar el cerebro y las memorias de los pa\u00edses donde continu\u00f3 mi formaci\u00f3n. Regreso tambi\u00e9n con mis duelos y mis celebraciones. Todo eso entra conmigo al campo.<\/p>\n<h1>Plantar el remo<\/h1>\n<p>Despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de b\u00fasqueda, la imagen del remo me ayuda a comprender lo que significa regresar. Tiresias anuncia que Odiseo deber\u00e1 internarse tierra adentro con el remo al hombro, hasta llegar a un pueblo que no lo reconozca como instrumento del mar. All\u00ed habr\u00e1 de plantarlo en la tierra (Homero, 1982, canto XI). El remo, que durante a\u00f1os hizo posible la traves\u00eda, deja de servir \u00fanicamente para navegar y adquiere una nueva funci\u00f3n. Algo semejante ocurre con lo aprendido a lo largo de mi peregrinaje. No se trata de abandonar el camino ni de suponer que todas mis preguntas han sido respondidas. Se trata de permitir que la agricultura, la teolog\u00eda, la psicoterapia, las neurociencias y las historias escuchadas durante tantos a\u00f1os vuelvan conmigo a la tierra, dialoguen con mi propia historia y den frutos al servicio de otras personas.<\/p>\n<p>Contin\u00fao habitando mundos diversos. Mientras estoy aqu\u00ed, extra\u00f1o la vida que constru\u00ed all\u00e1. Cuando estoy all\u00e1, reaparece la nostalgia por esta tierra. Ya no vivo esa experiencia como una identidad deficiente. La hibridez me permite llevar dentro de m\u00ed m\u00e1s de una memoria, m\u00e1s de una lengua y m\u00e1s de una forma de mirar la realidad.<\/p>\n<p>Miro hacia atr\u00e1s con reverencia, tristeza y gratitud. All\u00ed est\u00e1n las personas que me formaron, las experiencias que hicieron posible mi camino y quienes ya no est\u00e1n de la misma manera. Miro hacia adelante con esperanza y tambi\u00e9n con temor, porque el futuro es incierto y no podremos recorrer todos los caminos.<\/p>\n<p>El salmista pide: \u00abEns\u00e9\u00f1anos a contar bien nuestros d\u00edas, para que nuestro coraz\u00f3n adquiera sabidur\u00eda\u00bb (Salmo 90:12, NVI). La conciencia de la mortalidad no tiene por qu\u00e9 llevarnos a la desesperaci\u00f3n. Puede ense\u00f1arnos a reconocer el valor de las relaciones, las decisiones y las tareas cotidianas y recordarnos que no conviene posponer indefinidamente el amor, la reconciliaci\u00f3n, la justicia y la gratitud.<\/p>\n<p>El presente es el lugar donde el ayer y el ma\u00f1ana se encuentran. All\u00ed llegan los recuerdos y, desde all\u00ed, imaginamos lo que todav\u00eda puede venir. Vivirlo con plenitud no exige olvidar el dolor ni mantener una alegr\u00eda constante. La plenitud permite que las tristezas y las celebraciones ocupen su lugar en una historia m\u00e1s amplia.<\/p>\n<h1>El Odiseo en m\u00ed<\/h1>\n<p>Reconozco al Odiseo que habita en m\u00ed cuando parto y, aun as\u00ed, anhelo regresar; cuando camino hacia el ma\u00f1ana mientras el ayer contin\u00faa movi\u00e9ndome; cuando busco la libertad y siento la tentaci\u00f3n de quedarme dentro de lo conocido. Lo reconozco cuando la inteligencia me ayuda y la altivez complica el camino, cuando escucho sirenas y debo admitir que la fuerza de voluntad no siempre basta, y cuando desciendo al mundo de los muertos y comprendo que no puedo construir el futuro borrando a quienes forman parte de mi historia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me reconozco en \u00e9l cuando deseo vivir plenamente mientras aprendo a aceptar la enfermedad, el envejecimiento y la muerte. Una vida prolongada perder\u00eda su plenitud si quedara separada del amor, de la historia y de la pertenencia.<\/p>\n<p>Pero no solo me identifico con Odiseo. Hay algo de Pen\u00e9lope en la espera, el discernimiento y la resistencia a aceptar afirmaciones sin evidencia. Me encuentro con Tel\u00e9maco mientras busco una historia que comenz\u00f3 antes que yo. Conozco la experiencia de la persona extranjera que llega a una costa desconocida y la de quien es considerado extra\u00f1o por hablar con otro acento. Tambi\u00e9n soy el compa\u00f1ero que rema y desea regresar y el familiar de quien muri\u00f3 mientras los dem\u00e1s continuaron el viaje.<\/p>\n<p>No puedo hablar del Odiseo que habita en m\u00ed sin reconocer que mi historia est\u00e1 entrelazada con las vidas de quienes ense\u00f1aron, cuidaron, escucharon, esperaron y sostuvieron mi peregrinaje. La plenitud no consiste en llegar solo, sino en llegar sin borrar a quienes hicieron posible el camino, recuperar la casa sin convertirla en fortaleza, plantar el remo cuando la tormenta ha terminado y aprender nuevamente a cultivar.<\/p>\n<p>No regresamos para convertirnos en quienes \u00e9ramos antes de partir. Regresamos para integrar lo vivido. Tampoco avanzamos para escapar de nuestra historia; caminamos para relacionarnos con ella de manera m\u00e1s libre, responsable y compasiva. He regresado a mis vacas, mis gallinas, mi ma\u00edz, mis guan\u00e1banas, mi caf\u00e9 y mi cacao. Los reconozco, pero los contemplo con otros ojos. Me conectan con mi historia y me recuerdan que ninguna historia permanece inm\u00f3vil. Ni yo soy el mismo ni veo mi tierra igual. El Odiseo que todav\u00eda est\u00e1 en m\u00ed sigue en camino.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<h1>Referencias<\/h1>\n<p>Anzald\u00faa, G. (1987). <em>Borderlands\/La Frontera: The New Mestiza<\/em>. Aunt Lute Books.<\/p>\n<p>Bhabha, H. K. (1994). <em>The location of culture<\/em>. Routledge.<\/p>\n<p>Friston, K. (2010). The free-energy principle: A unified brain theory? <em>Nature Reviews Neuroscience, 11<\/em>(2), 127-138. https:\/\/doi.org\/10.1038\/nrn2787<\/p>\n<p>Greenwood, E. (2007). Arriving backwards: The return of the <em>Odyssey<\/em> in the English-speaking Caribbean. In L. Hardwick &amp; C. Gillespie (Eds.), <em>Classics in post-colonial worlds<\/em> (pp. 192-210). Oxford University Press. https:\/\/doi.org\/10.1093\/acprof:oso\/9780199296101.003.0012<\/p>\n<p>Homero. (1982). <em>Odisea<\/em> (J. M. Pab\u00f3n, Trad.; M. Fern\u00e1ndez-Galiano, Intro.). Gredos.<\/p>\n<p>McAdams, D. P., &amp; McLean, K. C. (2013). Narrative identity. <em>Current Directions in Psychological Science, 22<\/em>(3), 233-238. https:\/\/doi.org\/10.1177\/0963721413475622<\/p>\n<p>McConnell, J. (2013). <em>Black Odysseys: The Homeric Odyssey in the African diaspora since 1939<\/em>. Oxford University Press. https:\/\/doi.org\/10.1093\/acprof:oso\/9780199605002.001.0001<\/p>\n<p>Las citas b\u00edblicas fueron tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versi\u00f3n Internacional\u00ae NVI\u00ae. Copyright \u00a9 1999, 2015, 2022 por Biblica, Inc.\u00ae Usado con permiso. Reservados todos los derechos en todo el mundo.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"\"><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Odiseo que est\u00e1 en m\u00ed. Peregrinaje hacia el alma, los dem\u00e1s y la tierra. Esteban Montilla, Ph.D. Volver a leer la Odisea Le\u00ed la Odisea por primera vez para cumplir con un requisito de mi clase de bachillerato, dirigida por un maestro extraordinario e inspirador llamado Nicomedes Hern\u00e1ndez. Era una de esas obras que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":3637,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"nf_dc_page":"","footnotes":""},"categories":[9],"tags":[],"class_list":["post-3643","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-reflexiones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3643","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3643"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3643\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3682,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3643\/revisions\/3682"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3637"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3643"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3643"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3643"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}