{"id":3941,"date":"2026-10-12T10:59:21","date_gmt":"2026-10-12T16:59:21","guid":{"rendered":"https:\/\/ministeriomct.org\/?p=3941"},"modified":"2026-10-12T10:59:22","modified_gmt":"2026-10-12T16:59:22","slug":"explorar-sin-despojar-y-sin-conquistar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/explorar-sin-despojar-y-sin-conquistar\/","title":{"rendered":"Explorar sin despojar y sin conquistar"},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Explorar sin despojar y sin conquistar<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Esteban Montilla, Ph.D.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>12 de octubre de 2026<\/strong><\/p>\n<p>El esp\u00edritu de exploraci\u00f3n y aventura nos invita a conocer nuevos mundos, ampliar nuestros saberes, desplegar nuestro potencial y encontrarnos con otros pueblos y personas. Estas posibilidades merecen ser celebradas. Al mismo tiempo, hemos de permanecer atentos y vigilantes para evitar que el deseo de explorar se convierta en una pretensi\u00f3n de conquistar, desplazar o despojar a los dem\u00e1s seres humanos. Podemos conocer otras formas de vida y participar en ellas con humildad, respeto y disposici\u00f3n para aprender.<\/p>\n<p>Este mundo es lo suficientemente amplio como para que todos tengamos lugar. Es un mundo h\u00edbrido y compartido, donde convivimos con animales, plantas y dem\u00e1s componentes de la creaci\u00f3n. Las proyecciones de las Naciones Unidas (2024) sit\u00faan la poblaci\u00f3n mundial en 2026 en torno a los ocho mil trescientos millones de personas. Vivamos esta diversidad dejando a un lado la falacia de que tengo que quitarle al otro para ponerme yo. No necesitamos escondernos detr\u00e1s de culturas, religiones o textos sagrados para justificar desplazamientos y despojos. Podemos convivir, compartir este mundo y nuestras vidas.<\/p>\n<p>El encuentro entre dos o m\u00e1s culturas puede abrir oportunidades para el desarrollo integral cuando quienes participan se reconocen como personas con dignidad, voz, poder y libertad. Podemos acercarnos al otro con el deseo de aprender y compartir, respetando su derecho a decidir sobre su vida, sus v\u00ednculos y su comunidad. Nuestra historia se ha nutrido de desplazamientos, intercambios de conocimientos y relaciones entre grupos diversos. Esa capacidad de encontrarnos sigue abriendo posibilidades para una convivencia m\u00e1s digna, siempre que los beneficios se compartan y se proteja la vida.<\/p>\n<p>Los desaf\u00edos ambientales, la b\u00fasqueda de alimentos y las necesidades de convivencia son factores que han impulsado los desplazamientos humanos. Hace decenas de miles de a\u00f1os, grupos procedentes del noreste de Asia comenzaron a poblar las tierras que hoy llamamos las Am\u00e9ricas. Entre las condiciones que hicieron posibles estos movimientos estuvo Beringia, una extensa regi\u00f3n de tierra emergida que conectaba Asia con Alaska cuando las glaciaciones redujeron el nivel del mar (Farmer et al., 2023). Las rutas costeras del Pac\u00edfico, posiblemente recorridas por navegaci\u00f3n y desplazamientos terrestres, y los corredores interiores pudieron tener importancia en per\u00edodos distintos (Praetorius et al., 2023).<\/p>\n<p>Los avances arqueol\u00f3gicos han ampliado nuestra comprensi\u00f3n de la antig\u00fcedad de la presencia humana en este continente. A la evidencia de poblaciones establecidas desde hace al menos quince mil a\u00f1os se suman las huellas de White Sands, en el actual Nuevo M\u00e9xico. Nuevas dataciones publicadas en 2025 respaldan la presencia de seres humanos en esa regi\u00f3n hace unos veintitr\u00e9s mil a\u00f1os (Holliday et al., 2025). Estas investigaciones nos invitan a reconocer una historia mucho m\u00e1s extensa y compleja que la que comienza con las expediciones europeas. El poblamiento de las Am\u00e9ricas fue un proceso prolongado, con m\u00faltiples desplazamientos y adaptaciones.<\/p>\n<p>A lo largo de miles de a\u00f1os, estos pueblos formaron comunidades, culturas y civilizaciones diversas. Desarrollaron sistemas de agricultura, de gesti\u00f3n del agua, de intercambio comercial, de arquitectura, de textiler\u00eda, de educaci\u00f3n, de gobierno y de vida religiosa. Sus conocimientos surgieron de la observaci\u00f3n, la experiencia y la relaci\u00f3n con los territorios que habitaban. Los pueblos que hoy llamamos ind\u00edgenas u originarios poseen historias, lenguas e identidades propias, y contin\u00faan creando conocimientos y participando en la vida contempor\u00e1nea (National Museum of the American Indian). Al reconocerlos, hemos de escuchar tambi\u00e9n c\u00f3mo se nombran a s\u00ed mismos y c\u00f3mo interpretan su historia. Su dignidad y sus derechos pertenecen al presente, junto con sus proyectos y aspiraciones.<\/p>\n<p>Antes de 1492 tambi\u00e9n ocurrieron otros viajes y contactos. Los navegantes n\u00f3rdicos llegaron al norte del continente y establecieron un asentamiento en L\u2019Anse aux Meadows, en Terranova, en el actual Canad\u00e1. El an\u00e1lisis de maderas trabajadas en ese lugar ha permitido fechar la actividad n\u00f3rdica al a\u00f1o 1021 de nuestra era (Kuitems et al., 2022). Esta evidencia confirma una presencia europea varios siglos antes de los viajes de Crist\u00f3bal Col\u00f3n y ampl\u00eda la historia de las exploraciones transatl\u00e1nticas.<\/p>\n<p>Las investigaciones gen\u00e9ticas tambi\u00e9n respaldan contactos entre poblaciones polinesias y pueblos ind\u00edgenas americanos anteriores a los viajes de Crist\u00f3bal Col\u00f3n y a la expansi\u00f3n colonial europea. Ioannidis et al. (2020) identificaron se\u00f1ales de intercambio gen\u00e9tico hacia el a\u00f1o 1200. Un estudio posterior de genomas antiguos de Rapa Nui situ\u00f3 ese intercambio ancestral en la poblaci\u00f3n estudiada entre 1250 y 1430 (Moreno-Mayar et al., 2024). El lugar exacto y los trayectos de esos encuentros siguen siendo objeto de investigaci\u00f3n. Lo que estas evidencias permiten reconocer es la capacidad de distintos pueblos para navegar grandes distancias y establecer v\u00ednculos mucho antes de que los europeos describieran estos territorios como un mundo nuevo.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en octubre de 1492, Crist\u00f3bal Col\u00f3n, navegante genov\u00e9s al servicio de la Corona de Castilla, lleg\u00f3 al Caribe. Aquel viaje abri\u00f3 una etapa de relaciones transatl\u00e1nticas continuas y de expansi\u00f3n colonial. Las empresas espa\u00f1olas y portuguesas y, posteriormente, las de otras potencias europeas transformaron profundamente la vida de los pueblos de este continente. Los territorios a los que llegaron ten\u00edan habitantes, nombres, memorias y formas de organizaci\u00f3n. La expresi\u00f3n &#8220;nuevo mundo&#8221; reflejaba la perspectiva de quienes acababan de conocerlos. Para las personas que viv\u00edan ac\u00e1, eran sus hogares, sus tierras de cultivo, sus lugares sagrados y los espacios donde transcurr\u00eda su existencia.<\/p>\n<p>En 1507, el nombre Am\u00e9rica apareci\u00f3 en el mapa de Martin Waldseem\u00fcller y fue explicado en la <em>Cosmographiae introductio<\/em>, atribuida a Waldseem\u00fcller y Matthias Ringmann, en honor de Am\u00e9rico Vespucio. Inicialmente se aplic\u00f3 a Sudam\u00e9rica y luego se extendi\u00f3 al continente en su conjunto. Tambi\u00e9n, al nombrar, se ejerce poder. Recordar los nombres que los pueblos daban y siguen dando a sus territorios nos invita a reconocer las voces que quedaron desplazadas por la mirada de los reci\u00e9n llegados.<\/p>\n<p>Estos encuentros estuvieron atravesados por una profunda tragedia. La hospitalidad de muchas comunidades fue aprovechada por quienes se atribuyeron derechos sobre sus tierras, sus cuerpos y su trabajo. Las empresas de conquista encabezadas por figuras como Crist\u00f3bal Col\u00f3n, Hern\u00e1n Cort\u00e9s, Pedro de Alvarado y Francisco Pizarro se inscribieron en proyectos de dominio que recurr\u00edan al despojo y a la violencia. La colonizaci\u00f3n incluy\u00f3 violaciones sexuales, tr\u00e1fico de personas, trabajos forzados, destrucci\u00f3n de comunidades y masacres. Andr\u00e9s Res\u00e9ndez (2016) documenta la extensi\u00f3n de la esclavizaci\u00f3n ind\u00edgena y su persistencia durante siglos, incluso mediante mecanismos que elud\u00edan las prohibiciones formales. Mujeres, hombres, ni\u00f1as y ni\u00f1os fueron tratados como mercanc\u00edas. A esta historia se sum\u00f3 la de las personas africanas trasladadas por la fuerza y sometidas a la esclavitud en las Am\u00e9ricas.<\/p>\n<p>La imposici\u00f3n religiosa form\u00f3 parte de ese dominio. Se descalificaron creencias, se reprimieron saberes y se presion\u00f3 a las personas para que adoptaran la religi\u00f3n de quienes controlaban las armas, la tierra y el trabajo (Quijano, 2000). La convicci\u00f3n de ser superiores o de ser escogidos por la divinidad permiti\u00f3 presentar la crueldad como una misi\u00f3n leg\u00edtima. Esta historia refleja el da\u00f1o que pueden infligir l\u00edderes pol\u00edticos y religiosos cuando usan el poder, la religi\u00f3n y los saberes para avanzar sus agendas econ\u00f3micas e ideol\u00f3gicas por encima del bienestar de las personas. La capacidad de navegar, construir o administrar adquiere valor humano cuando se pone al servicio de la vida y se ejerce con responsabilidad.<\/p>\n<p>Las consecuencias de esta desgracia regional se extendieron mucho m\u00e1s all\u00e1 de los primeros a\u00f1os de la conquista. An\u00edbal Quijano (2000) explica que la colonialidad del poder persiste cuando las jerarqu\u00edas nacidas de la dominaci\u00f3n siguen ordenando el trabajo, el conocimiento y las relaciones entre las personas. Esa l\u00f3gica reaparece al atribuir superioridad a unos por su origen, lengua, color de piel, religi\u00f3n o posici\u00f3n econ\u00f3mica. Tambi\u00e9n se reproduce cuando se supone que un pueblo necesita renunciar a su identidad para ser considerado desarrollado o que sus conocimientos solo tienen valor despu\u00e9s de ser reconocidos por quienes ocupan posiciones de privilegio.<\/p>\n<p>Es triste notar que estas posturas siguen vigentes cuando l\u00edderes pol\u00edticos y religiosos utilizan la Biblia, las promesas de grandeza o una historia sesgada para justificar la sumisi\u00f3n de los grupos marginados. Las \u00ednfulas de superioridad, las falsas promesas y la demonizaci\u00f3n de quienes cuestionan el orden establecido contin\u00faan empobreciendo la convivencia. La memoria de las crueldades del pasado ha de movernos a examinar nuestras propias formas de ejercer el poder. Tambi\u00e9n podemos intentar conquistar al otro cuando queremos decidir por \u00e9l, apropiarnos de sus conocimientos o condicionar nuestra asistencia para que adopte nuestras creencias.<\/p>\n<p>Las propias Escrituras ofrecen relatos a partir de los cuales podemos examinar esa pretensi\u00f3n de uniformar y dominar. Le\u00eddos desde una hermen\u00e9utica del amor y la justicia, G\u00e9nesis 11 y Hechos 2 nos invitan a reconocer la diversidad de los pueblos y a cultivar formas de comunicaci\u00f3n que nos permitan encontrarnos sin anularnos.<\/p>\n<h1>G\u00e9nesis 11 y la dispersi\u00f3n como apertura a la diversidad<\/h1>\n<p>El relato de G\u00e9nesis 11:1\u20139 comienza con una humanidad que comparte un mismo idioma. Quienes se establecen en la llanura de Sinar se proponen construir una ciudad y una torre. Su prop\u00f3sito se expresa en el vers\u00edculo 4: \u00abno tendremos que dispersarnos por toda la tierra\u00bb (DHH). La construcci\u00f3n de la ciudad responde al deseo de permanecer concentrados en un mismo lugar, unidos por una lengua y un nombre com\u00fan. La torre forma parte de ese proyecto de permanencia y centralizaci\u00f3n. El monoling\u00fcismo y la concentraci\u00f3n territorial dibujan, en esta lectura, el anhelo de preservar una monocultura.<\/p>\n<p>El desenlace modifica precisamente esa intenci\u00f3n. La intervenci\u00f3n divina interrumpe la comprensi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica compartida y conduce a la dispersi\u00f3n. El vers\u00edculo 8 se\u00f1ala que cesa la construcci\u00f3n de la ciudad, y el vers\u00edculo 9 concluye que Dios \u00ablos dispers\u00f3 por todo el mundo\u00bb (DHH). El movimiento central de la narraci\u00f3n va de la concentraci\u00f3n a la dispersi\u00f3n y de una lengua compartida a la pluralidad ling\u00fc\u00edstica. La tierra se abre a formas diferentes de habitarla.<\/p>\n<p>Theodore Hiebert (2007) interpreta este relato como una narraci\u00f3n sobre el origen de las diferencias culturales. En su lectura, la voluntad humana de preservar una identidad com\u00fan encuentra una iniciativa divina que introduce diversidad. Esa interpretaci\u00f3n permite reconocer la pluralidad de lenguas y culturas como parte del designio de Dios para el mundo. Desde esta perspectiva, la dispersi\u00f3n abre espacio a la alteridad, es decir, a la existencia de otros con formas propias de nombrar la experiencia, de construir sentido y de organizar la vida.<\/p>\n<p>Esta lectura adquiere una dimensi\u00f3n pol\u00edtica cuando la vinculamos a la centralizaci\u00f3n del poder. Putrawan et al. (2022) analizan el relato como una respuesta a proyectos imperiales que pretend\u00edan unificar la lengua, el territorio y la identidad. Cuando un centro se atribuye el derecho de definir c\u00f3mo han de vivir los dem\u00e1s, la diferencia queda sometida a sus exigencias. Una lengua dominante puede convertirse en un instrumento de subordinaci\u00f3n si se utiliza para descalificar otras voces y excluir a quienes las hablan. La ciudad de Sinar permite examinar esa pretensi\u00f3n de convertir una forma particular de vida en la medida de toda la humanidad.<\/p>\n<p>Desde una hermen\u00e9utica del amor y la justicia, podemos reconocer aqu\u00ed el multiling\u00fcismo como parte del plan de Dios y como una apertura a la interculturalidad. La dispersi\u00f3n da lugar a pueblos distintos; la interculturalidad plantea la tarea de relacionarnos respetando esas diferencias. El organismo humano encuentra posibilidades de desarrollo en un mundo donde circulan diversos saberes y en el que ninguna cultura puede atribuirse el monopolio de lo humano ni de lo divino. Cada pueblo tiene algo que expresar y tambi\u00e9n algo que aprender.<\/p>\n<p>La aplicaci\u00f3n de esta lectura nos compromete a proteger el derecho de los pueblos a conservar sus lenguas, habitar sus territorios y decidir sobre sus relaciones. Podemos compartir conocimientos, construir ciudades y trabajar en proyectos comunes respetando esas libertades. La diversidad requiere condiciones para que cada comunidad pueda participar con voz propia. Explorar desde esta comprensi\u00f3n supone acercarnos a mundos que ya tienen nombres, historias y significados, con disposici\u00f3n para conocerlos y dejarnos ense\u00f1ar.<\/p>\n<h1>Hechos 2 y el don de la escucha y de la comunicaci\u00f3n<\/h1>\n<p>El relato de Pentecost\u00e9s en Hechos 2 nos invita a pensar en c\u00f3mo encontrarnos en medio de esa diversidad. La escena re\u00fane en Jerusal\u00e9n a creyentes galileos y a personas jud\u00edas de distintas procedencias, incluidas las convertidas al juda\u00edsmo. La enumeraci\u00f3n de regiones en los vers\u00edculos 9\u201311 sit\u00faa al lector ante una pluralidad de lenguas y de experiencias culturales. En ese encuentro, la comprensi\u00f3n llega a cada persona en el idioma que reconoce como propio.<\/p>\n<p>La insistencia de la narraci\u00f3n merece nuestra atenci\u00f3n. Primero se\u00f1ala que \u00abcada uno o\u00eda a los creyentes hablar en su propia lengua\u00bb (Hechos 2:6, DHH). Luego recoge el asombro de la multitud: \u00ab\u00bfC\u00f3mo es que los o\u00edmos hablar en nuestras propias lenguas?\u00bb (Hechos 2:8, DHH). Finalmente, vuelve a la misma experiencia: \u00ab\u00a1Y los o\u00edmos hablar en nuestras propias lenguas de las maravillas de Dios!\u00bb (Hechos 2:11, DHH). La repetici\u00f3n dirige nuestra mirada hacia quienes escuchan. La palabra adquiere sentido en la lengua con la que cada persona ha aprendido a nombrar su mundo. La experiencia alcanza su sentido relacional cuando el otro puede comprenderla a partir de su propia lengua. El encuentro permite participar sin exigir renunciar a la identidad ling\u00fc\u00edstica.<\/p>\n<p>Willie James Jennings (2017, pp. 28\u201331) destaca el milagro de la escucha y lo vincula a una profunda relaci\u00f3n con otros pueblos a trav\u00e9s de sus lenguas. Aprender una lengua requiere recibir ense\u00f1anza de quienes la hablan y acercarse a las experiencias que dan significado a sus palabras. Su lectura de Pentecost\u00e9s cuestiona las pr\u00e1cticas coloniales que declararon inferiores las lenguas de los pueblos sometidos. La comunicaci\u00f3n que nace del Esp\u00edritu nos predispone a reconocer al otro como alguien que puede ense\u00f1arnos.<\/p>\n<p>Amos Yong (2016) relaciona la diversidad ling\u00fc\u00edstica de Pentecost\u00e9s con las culturas, tradiciones e historias de quienes participan. La lengua forma parte de la vida concreta de un pueblo. Desde esta comprensi\u00f3n, las maravillas de Dios pueden escucharse y celebrarse en diferentes idiomas. La comuni\u00f3n se desarrolla en esa pluralidad, con personas que conservan sus pertenencias y pueden enriquecerse a trav\u00e9s del encuentro.<\/p>\n<p>Esta experiencia nos invita a cultivar una escucha noble. Escuchar requiere interesarnos por lo que la otra persona quiere expresar, preguntarle qu\u00e9 significan sus palabras y permitir que su experiencia influya en nuestra manera de comprender. Quien ense\u00f1a, investiga o ejerce una funci\u00f3n pastoral puede reconocer sus propios l\u00edmites y aprender de quienes reciben su asistencia. Cuando entramos en otra comunidad, sus habitantes tienen derecho a explicarse por s\u00ed mismos y a participar en las decisiones. Su voz, su poder, su libertad y su relacionalidad han de tomarse en serio.<\/p>\n<p>Le\u00eddos en di\u00e1logo, G\u00e9nesis 11 y Hechos 2 ofrecen una orientaci\u00f3n para explorar sin despojar ni conquistar. En la dispersi\u00f3n reconocemos espacio para que existan muchos pueblos y muchas lenguas; en Pentecost\u00e9s reconocemos la posibilidad de comprendernos conservando esa diversidad. La escucha hace posible cruzar fronteras culturales con respeto. Podemos compartir este mundo y nuestras vidas cuando renunciamos a imponer una sola manera de existir y nos disponemos a aprender de lo que cada pueblo tiene que decir.<\/p>\n<h1>Celebrar la diversidad y compartir la vida<\/h1>\n<p>La celebraci\u00f3n de los encuentros culturales ha de surgir de los beneficios que pueden aportar los intercambios entre grupos diversos. Estos encuentros ofrecen oportunidades para el desarrollo de saberes, tecnolog\u00edas, econom\u00eda, arte, arquitectura, religi\u00f3n y culinaria, cuando las personas se abordan con humildad, curiosidad y apertura. Aprender de otra cultura puede ampliar nuestra comprensi\u00f3n de la vida y ayudarnos a revisar pr\u00e1cticas que generan sufrimiento. Para que el intercambio sea justo, quienes participan han de poder influir en sus condiciones y disfrutar de sus beneficios. La diversidad florece cuando existe espacio para hablar, disentir, elegir y seguir siendo diferentes.<\/p>\n<p>Explorar sin despojar ni conquistar requiere reconocer el derecho de los pueblos a decidir sobre su presente y su futuro. La Declaraci\u00f3n de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos ind\u00edgenas reconoce su libre determinaci\u00f3n, su participaci\u00f3n en las decisiones que los afectan y su derecho a mantener y desarrollar sus identidades, instituciones y culturas (Asamblea General de las Naciones Unidas, 2007). Este reconocimiento nos compromete a tomar en serio sus voces y sus decisiones. Respetar a una comunidad incluye aceptar sus l\u00edmites, escuchar sus prioridades y reconocer su libertad para aceptar, transformar o rechazar lo que otros le proponen.<\/p>\n<p>Esto tambi\u00e9n tiene consecuencias para quienes ense\u00f1amos, investigamos, ejercemos funciones pastorales o prestamos servicios de salud. Entrar en la vida de una persona o de una comunidad exige cuidado con el poder que traemos. Los saberes profesionales pueden ponerse al servicio de lo que las personas consideran valioso, mediante relaciones en las que puedan influirnos y participar en las decisiones. Compartir conocimientos requiere reconocer los aportes de quienes nos reciben y respetar lo que desean conservar, comunicar o reservar. La asistencia adquiere un sentido noble cuando contribuye al bienestar y al despliegue de posibilidades que las propias personas reconocen como suyas.<\/p>\n<p>Podemos celebrar la vida de quienes sobrevivieron a las atrocidades y de sus descendientes, que contin\u00faan sosteniendo sus comunidades. Podemos celebrar a las personas que protegieron a otras, resistieron el despojo, defendieron la libertad y se dedicaron a mitigar el dolor causado por los poderes coloniales. Tambi\u00e9n a quienes preservaron lenguas, conocimientos, relatos y objetos hist\u00f3ricos, y registraron las crueldades para que hoy podamos conocerlas y asumir nuestra responsabilidad ante ellas. Esa memoria puede movernos hacia la compasi\u00f3n y la justicia, al comprometernos a impedir que tales pr\u00e1cticas contin\u00faen en nuestras relaciones e instituciones.<\/p>\n<p>Celebramos los encuentros interculturales al renunciar a la idea de creernos superiores y a la ilusi\u00f3n de ser escogidos para disponer de la vida ajena. Los celebramos al dejar de vivir empe\u00f1ados en ser los mejores y al comprometernos a dar lo mejor de nosotros. Los celebramos al rehusar el etnocentrismo religioso, al hacer un uso sabio del poder, al respetar los derechos humanos y al evitar la exclusi\u00f3n por motivos de condici\u00f3n o de identidad. Tambi\u00e9n al reconocer los da\u00f1os, contribuir a su reparaci\u00f3n y compartir las decisiones con quienes han sido mantenidos al margen.<\/p>\n<p>Celebramos la vida de los pueblos originarios de las Am\u00e9ricas, de las personas africanas y sus descendientes, y de tantas mujeres y hombres cuyos esfuerzos sostienen nuestras posibilidades de vivir con libertad, dignidad y paz. Celebramos a quienes, desde la vida comunitaria y las responsabilidades pol\u00edticas o religiosas, promueven el bienestar integral de todas las personas en el marco de la justicia, el amor y la paz. Explorar sin despojar y sin conquistar es disponernos a conocer y a dejarnos ense\u00f1ar, a compartir lo que sabemos y a construir relaciones en las que cada persona y cada pueblo puedan vivir con voz propia.<\/p>\n<h1>Referencias<\/h1>\n<p>Asamblea General de las Naciones Unidas. (2007). <em>Declaraci\u00f3n de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos ind\u00edgenas<\/em> (Resoluci\u00f3n 61\/295). <a href=\"https:\/\/digitallibrary.un.org\/record\/606782\">https:\/\/digitallibrary.un.org\/record\/606782<\/a><\/p>\n<p>Farmer, J. R., Pico, T., Underwood, O. M., Stout, R. C., Granger, J., Cronin, T. M., Fripiat, F., Mart\u00ednez-Garc\u00eda, A., Haug, G. H., &amp; Sigman, D. M. (2023). The Bering Strait was flooded 10,000 years before the Last Glacial Maximum. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences, 120<\/em>(1), e2206742119. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1073\/pnas.2206742119\">https:\/\/doi.org\/10.1073\/pnas.2206742119<\/a><\/p>\n<p>Hiebert, T. (2007). The tower of Babel and the origin of the world\u2019s cultures. <em>Journal of Biblical Literature, 126<\/em>(1), 29\u201358. https:\/\/doi.org\/10.2307\/27638419<\/p>\n<p>Holliday, V. T., Windingstad, J. D., Bright, J., Phillips, B. G., Butler, J. B., Breslawski, R., &amp; Bowman, J. E. (2025). Paleolake geochronology supports Last Glacial Maximum (LGM) age for human tracks at White Sands, New Mexico. <em>Science Advances, 11<\/em>(25), eadv4951. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1126\/sciadv.adv4951\">https:\/\/doi.org\/10.1126\/sciadv.adv4951<\/a><\/p>\n<p>Ioannidis, A. G., Blanco-Portillo, J., Sandoval, K., Hagelberg, E., Miquel-Poblete, J. F., Moreno-Mayar, J. V., Rodr\u00edguez-Rodr\u00edguez, J. E., Quinto-Cort\u00e9s, C. D., Auckland, K., Parks, T., Robson, K., Hill, A. V. S., Avila-Arcos, M. C., Sockell, A., Homburger, J. R., Wojcik, G. L., Barnes, K. C., Herrera, L., Berr\u00edos, S., . . . Moreno-Estrada, A. (2020). Native American gene flow into Polynesia predating Easter Island settlement. <em>Nature, 583<\/em>(7817), 572\u2013577. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-020-2487-2\">https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-020-2487-2<\/a><\/p>\n<p>Jennings, W. J. (2017). <em>Acts<\/em>. Westminster John Knox Press.<\/p>\n<p>Kuitems, M., Wallace, B. L., Lindsay, C., Scifo, A., Doeve, P., Jenkins, K., Lindauer, S., Erdil, P., Ledger, P. M., Forbes, V., Vermeeren, C., Friedrich, R., &amp; Dee, M. W. (2022). Evidence for European presence in the Americas in AD 1021. <em>Nature, 601<\/em>(7893), 388\u2013391. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-021-03972-8\">https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-021-03972-8<\/a><\/p>\n<p>Library of Congress. (s. f.-a). <em>Columbus and the Ta\u00edno<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/exploring-the-early-americas\/columbus-and-the-taino\">https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/exploring-the-early-americas\/columbus-and-the-taino<\/a><\/p>\n<p>Library of Congress. (s. f.-b). <em>Documenting new knowledge<\/em>. <a href=\"https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/exploring-the-early-americas\/documenting-new-knowledge.html\">https:\/\/www.loc.gov\/exhibits\/exploring-the-early-americas\/documenting-new-knowledge.html<\/a><\/p>\n<p>Moreno-Mayar, J. V., Sousa da Mota, B., Higham, T., Klemm, S., Gorman Edmunds, M., Stenderup, J., Iraeta-Orbegozo, M., Laborde, V., Heyer, E., Torres Hochstetter, F., Friess, M., Allentoft, M. E., Schroeder, H., Delaneau, O., &amp; Malaspinas, A.-S. (2024). Ancient Rapanui genomes reveal resilience and pre-European contact with the Americas. <em>Nature, 633<\/em>(8029), 389\u2013397. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-024-07881-4\">https:\/\/doi.org\/10.1038\/s41586-024-07881-4<\/a><\/p>\n<p>Naciones Unidas. (2024). <em>World population prospects 2024<\/em> [Conjunto de datos]. Departamento de Asuntos Econ\u00f3micos y Sociales, Divisi\u00f3n de Poblaci\u00f3n. <a href=\"https:\/\/population.un.org\/wpp\/\">https:\/\/population.un.org\/wpp\/<\/a><\/p>\n<p>National Museum of the American Indian. (s. f.). <em>Essential understandings<\/em>. Smithsonian Institution. <a href=\"https:\/\/americanindian.si.edu\/nk360\/about\/essential-understandings\">https:\/\/americanindian.si.edu\/nk360\/about\/essential-understandings<\/a><\/p>\n<p>Praetorius, S. K., Alder, J. R., Condron, A., Mix, A. C., Walczak, M. H., Caissie, B. E., &amp; Erlandson, J. M. (2023). Ice and ocean constraints on early human migrations into North America along the Pacific coast. <em>Proceedings of the National Academy of Sciences, 120<\/em>(7), e2208738120. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.1073\/pnas.2208738120\">https:\/\/doi.org\/10.1073\/pnas.2208738120<\/a><\/p>\n<p>Putrawan, B. K., Noya, L. B. J., &amp; Negoro, A. P. (2022). Centripetal-centrifugal forces in the tower of Babel narrative (Gen 11:1\u20139). <em>Old Testament Essays, 35<\/em>(2), 192\u2013210. https:\/\/doi.org\/10.17159\/2312-3621\/2022\/v35n2a5<\/p>\n<p>Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y Am\u00e9rica Latina. En E. Lander (Comp.), <em>La colonialidad del saber: Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas<\/em> (pp. 201\u2013246). CLACSO. <a href=\"https:\/\/biblioteca.clacso.edu.ar\/clacso\/se\/20140507042402\/eje3-8.pdf\">https:\/\/biblioteca.clacso.edu.ar\/clacso\/se\/20140507042402\/eje3-8.pdf<\/a><\/p>\n<p>Res\u00e9ndez, A. (2016). <em>The other slavery: The uncovered story of Indian enslavement in America<\/em>. Houghton Mifflin Harcourt.<\/p>\n<p>Sociedades B\u00edblicas Unidas. (1996). <em>Biblia Dios habla hoy<\/em>. https:\/\/www.biblegateway.com\/versions\/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia\/<\/p>\n<p>Yong, A. (2016). The power of language: The implications of Pentecost for global worship. <em>Reformed Worship, 119<\/em>, 28\u201333. https:\/\/reformedworship.org\/resource\/power-language<\/p>\n<!--a=1-->\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Explorar sin despojar y sin conquistar Esteban Montilla, Ph.D. 12 de octubre de 2026 El esp\u00edritu de exploraci\u00f3n y aventura nos invita a conocer nuevos mundos, ampliar nuestros saberes, desplegar nuestro potencial y encontrarnos con otros pueblos y personas. Estas posibilidades merecen ser celebradas. 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