{"id":3980,"date":"2026-10-25T20:51:36","date_gmt":"2026-10-26T02:51:36","guid":{"rendered":"https:\/\/ministeriomct.org\/?p=3980"},"modified":"2026-10-25T21:24:14","modified_gmt":"2026-10-26T03:24:14","slug":"el-humor-y-halloween-frente-al-miedo-y-la-muerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/ministeriomct.org\/en\/el-humor-y-halloween-frente-al-miedo-y-la-muerte\/","title":{"rendered":"El humor y Halloween frente al miedo y la muerte."},"content":{"rendered":"\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/youtu.be\/9-6g5-my11c\"><strong>El humor y Halloween<\/strong><\/a><br \/><strong>frente al miedo y la muerte<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Esteban Montilla, Ph.D.<\/strong><\/p>\n<p>Una calavera que sonr\u00ede, un fantasma hecho con una s\u00e1bana o una an\u00e9cdota graciosa contada durante un velatorio pueden parecer fuera de lugar. Sin embargo, en esas escenas reconocemos una valiosa capacidad humana. Podemos acercarnos, mediante el humor, a experiencias que nos inquietan, incluso a la muerte. Por un momento, aquello que nos atemoriza entra en una conversaci\u00f3n compartida y adquiere una forma con la que podemos jugar.<\/p>\n<p>El humor, las festividades y el recuerdo de quienes murieron pueden ofrecernos descanso y fortalecer nuestras relaciones. Halloween permite explorar esta posibilidad mediante disfraces, historias y encuentros. Las celebraciones dedicadas a los muertos, con sus diferencias culturales y religiosas, nos invitan a reconocer cu\u00e1nto siguen significando para nosotros las personas que han muerto. Desde una perspectiva pastoral, ambas experiencias plantean una pregunta sobre c\u00f3mo vivir con mayor libertad, cuidar a quienes sufren y disfrutar de la vida que a\u00fan compartimos.<\/p>\n<h1>La mortalidad y la angustia de sabernos finitos<\/h1>\n<p>La mortalidad forma parte de la vida. Lo vemos en los \u00e1rboles que se secan, en los animales que envejecen y en las personas cuya existencia llega a su fin. Cada nacimiento abre una historia que tendr\u00e1 un l\u00edmite. Sabemos que moriremos, pero tambi\u00e9n hacemos planes, establecemos relaciones y deseamos permanecer junto a quienes amamos. Esa convivencia entre el deseo de vivir y el conocimiento de nuestro final puede generar mucha angustia.<\/p>\n<p>Los escritores b\u00edblicos miraron de frente esta condici\u00f3n. En Eclesiast\u00e9s 3:19\u201320, Qohelet observa que los seres humanos y los animales comparten el aliento de vida y el destino de la muerte. Todos proceden del polvo y a \u00e9l regresan. G\u00e9nesis 3:19 tambi\u00e9n anuncia el regreso del ser humano a la tierra de la que fue formado. Son maneras de expresar nuestra pertenencia a una vida que no podemos conservar indefinidamente.<\/p>\n<p>Qohelet lleva la reflexi\u00f3n al terreno de las diferencias sociales y religiosas. En Eclesiast\u00e9s 9:2\u20133 se se\u00f1ala que la muerte alcanza tanto a quien act\u00faa con justicia como a quien obra mal, tanto a quien ofrece sacrificios como a quien no los ofrece. Ninguna posici\u00f3n religiosa nos excluye de esa condici\u00f3n. El salmista, por su parte, pide aprender a contar los d\u00edas para vivir con sabidur\u00eda (Salmo 90:12). Reconocer que nuestro tiempo tiene un l\u00edmite puede ayudarnos a prestar atenci\u00f3n a c\u00f3mo lo estamos viviendo.<\/p>\n<p>Que la muerte sea natural no significa que la vivamos sin dolor. La angustia puede surgir al imaginar nuestra propia ausencia, el sufrimiento de quienes quedar\u00edan o los proyectos que no alcanzar\u00edamos a realizar. Cuando muere alguien amado, adem\u00e1s, se interrumpe una relaci\u00f3n concreta. Queda sin destinatario una llamada cotidiana, cambia la mesa familiar y desaparece una voz con la que cont\u00e1bamos. Saber que todos moriremos no nos prepara por completo para el momento en que muere esta persona cuya presencia daba forma a nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>La irreversibilidad hace especialmente dif\u00edcil esa experiencia. Podemos reparar algunos errores y retomar ciertas relaciones despu\u00e9s de una separaci\u00f3n, pero la muerte impide recuperar la convivencia con la persona tal como era. Al dolor por lo sucedido se le suma el pesar de que ya no viviremos juntos. Aprender a reconocer esa realidad requiere tiempo, relaciones que nos sostengan y libertad para expresar lo que sentimos.<\/p>\n<p>Nuestra condici\u00f3n de mortalidad tambi\u00e9n hace m\u00e1s urgente proteger la vida. Las muertes provocadas por la violencia, el abandono o la falta de acceso al cuidado exigen responsabilidad y justicia. Reconocer la mortalidad nos compromete con las condiciones en las que vivimos y morimos. Desde esa conciencia de nuestra fragilidad compartida podemos comprender mejor por qu\u00e9 los seres humanos hemos desarrollado tantas formas de enfrentar el temor y de sostenernos ante una ausencia.<\/p>\n<h1>Las maneras de afrontar la muerte y vivir con la ausencia<\/h1>\n<p>Frente a la muerte, recurrimos a estrategias muy diferentes. Buscamos informaci\u00f3n, conversamos con personas de confianza, organizamos ceremonias, hacemos memoria, oramos o nos expresamos mediante el arte. En ocasiones necesitamos ocuparnos de las tareas diarias; en otras, detenernos a llorar. El humor forma parte de este repertorio. Cada recurso adquiere sentido seg\u00fan la historia de la persona, su cultura, sus relaciones y el momento que atraviesa.<\/p>\n<p>Una de las tareas m\u00e1s concretas consiste en reorganizar la vida cotidiana. Quien compart\u00eda decisiones con su pareja puede encontrarse resolvi\u00e9ndolas en soledad. Una familia puede tener que distribuir de otra manera el cuidado de los ni\u00f1os, los gastos o las responsabilidades del hogar. Aprender a vivir sin la presencia de alguien incluye esas acciones peque\u00f1as y exigentes. Pedir ayuda para realizarlas tambi\u00e9n es una forma de cuidar la vida que contin\u00faa.<\/p>\n<p>Margaret Stroebe y Henk Schut (1999) propusieron comprender el duelo como un movimiento entre atender al dolor de la ausencia y responder a las necesidades de la vida que ha cambiado. En t\u00e9rminos sencillos, podemos dedicar un momento al recuerdo y, despu\u00e9s, ocuparnos del trabajo, descansar o conversar sobre otro asunto. En este modelo, esas pausas forman parte de la adaptaci\u00f3n. La persona necesita espacio tanto para reconocer la ruptura de la relaci\u00f3n como para participar en las actividades actuales.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n buscamos sentido. Robert Neimeyer (2019) explica que una muerte significativa puede alterar lo que d\u00e1bamos por sentado sobre la vida y nuestras relaciones. Esa ruptura lleva a revisar la historia personal y el significado de lo vivido. Podemos preguntarnos qui\u00e9nes somos ahora, qu\u00e9 conservamos de aquella relaci\u00f3n y hacia d\u00f3nde deseamos orientar nuestros d\u00edas. En mi comprensi\u00f3n del duelo, integrar esta experiencia en nuestra biograf\u00eda permite reconocer tanto la muerte como el lugar que la persona sigue ocupando en nuestra historia.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda de sentido puede convivir con preguntas sin respuesta. A veces no encontramos una explicaci\u00f3n satisfactoria de por qu\u00e9 ocurri\u00f3 una muerte, especialmente cuando hubo violencia o cuando una vida termin\u00f3 demasiado pronto. Aun as\u00ed, podemos elegir c\u00f3mo cuidar a quienes quedan, mantener un compromiso compartido o dedicar parte de nuestra vida a una causa que consideramos justa. El sentido tambi\u00e9n se construye mediante esas decisiones, sin exigirnos considerar bueno lo que nos hizo sufrir.<\/p>\n<p>La fe ofrece a muchas personas palabras para expresar esperanza, pedir fortaleza y compartir el dolor en comunidad. Otras encuentran apoyo en la amistad, la naturaleza, la creaci\u00f3n art\u00edstica o el servicio a los dem\u00e1s. Escribir una carta a quien muri\u00f3, componer una canci\u00f3n o reunir testimonios sobre su vida puede dar forma a lo que cuesta decir. La asistencia pastoral debe respetar las convicciones de cada persona y ofrecer espacio para sus preguntas, incluidas las dudas y las protestas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay maneras de prepararnos para nuestra propia muerte. Podemos conversar sobre nuestros deseos de cuidado, poner en orden las responsabilidades y decirles a las personas lo que significan para nosotros. Estas acciones expresan el reconocimiento de nuestra mortalidad y el inter\u00e9s por quienes seguir\u00e1n viviendo. Cuando la angustia o las dificultades del duelo desbordan los recursos disponibles, buscar asistencia profesional ampl\u00eda las posibilidades de cuidado. Dentro de esa diversidad de recursos, el humor puede ofrecer un descanso y permitirnos recuperar, por un momento, el gusto de estar con otros.<\/p>\n<h1>El humor en el bienestar humano<\/h1>\n<p>El ser humano busca la alegr\u00eda mediante el arte, la m\u00fasica, la poes\u00eda, la comedia y el juego. En el humor encontramos una manera de expresar lo que pensamos, sentimos y esperamos. A veces basta una observaci\u00f3n inesperada para aliviar una conversaci\u00f3n tensa. Otras veces, al reconocer lo absurdo de una situaci\u00f3n, descubrimos que podemos mirarla de otra manera. El problema puede seguir presente, pero nuestra relaci\u00f3n con \u00e9l cambia.<\/p>\n<p>\u00c1ngel Rodr\u00edguez Id\u00edgoras (2008) explica que el humor puede ampliar nuestra manera de interpretar lo que vivimos. En el mismo volumen, Carlos Alemany y Ra\u00fal Cabestrero (2008) examinan su utilidad para tomar cierta distancia respecto de una preocupaci\u00f3n y para facilitar la relaci\u00f3n de ayuda. Esa distancia permite que una dificultad deje de ocupar, aunque sea brevemente, todo el espacio de nuestra atenci\u00f3n. Tambi\u00e9n podemos reconocer nuestras equivocaciones con menos dureza y hablar de ellas sin sentir que nuestro valor como personas est\u00e1 en juego.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n ofrece algunos resultados alentadores. Wellenzohn et al. (2016) estudiaron actividades sencillas, como recordar situaciones divertidas o buscar oportunidades para usar el humor en la vida cotidiana. Se observaron mejoras en la felicidad declarada por los participantes; con algunas actividades, los beneficios persistieron hasta seis meses despu\u00e9s. Los cambios en los s\u00edntomas depresivos fueron m\u00e1s breves. Estos resultados ayudan a comprender el valor de cultivar experiencias agradables, sin convertirlas en una exigencia de estar siempre contentos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se han estudiado las respuestas del organismo humano. Caroline Kaercher Kramer y Cristiane Bauermann Leitao (2023) reunieron ocho estudios con 315 participantes y encontraron que las actividades que provocaban risa espont\u00e1nea se asociaban con una mayor reducci\u00f3n del cortisol que las actividades de comparaci\u00f3n. El cortisol es una hormona que participa en la respuesta al estr\u00e9s. En una revisi\u00f3n de quince ensayos controlados aleatorizados, Li et al. (2026) encontraron resultados favorables en la reducci\u00f3n del estr\u00e9s, aunque las diferencias entre los estudios y sus limitaciones impiden afirmar que el mismo beneficio se aplique a todas las personas. En conjunto, la evidencia permite considerar el humor y la risa como recursos de apoyo al bienestar, dentro de un cuidado m\u00e1s amplio.<\/p>\n<p>Hay, adem\u00e1s, un valor social en el humor. La s\u00e1tira, que expone defectos y abusos mediante la exageraci\u00f3n o la burla, puede cuestionar a quienes presentan su poder como incuestionable. Una caricatura o una escena de comedia puede hacer visible la distancia entre lo que una autoridad promete y lo que hace. La hermen\u00e9utica del amor y la justicia propone interpretar la vida atendiendo al cuidado y la dignidad de las personas. Desde esa perspectiva, importa reconocer hacia d\u00f3nde se dirige la risa y qu\u00e9 consecuencias conlleva. Denunciar una conducta abusiva es una tarea distinta de humillar a quien tiene menos recursos para defenderse.<\/p>\n<h1>El humor tambi\u00e9n aparece en la Biblia<\/h1>\n<p>La lectura solemne de la Biblia puede hacernos pasar por alto algunas de sus escenas m\u00e1s ir\u00f3nicas. Milton Acosta (2009\/2020), en <em>El humor en el Antiguo Testamento<\/em>, estudia c\u00f3mo los escritores b\u00edblicos emplearon situaciones inesperadas, exageraciones y contradicciones para hacer pensar a sus lectores. El efecto puede ser una sonrisa, pero tambi\u00e9n la incomodidad de reconocernos en un personaje que se toma demasiado en serio.<\/p>\n<p>En N\u00fameros 22, por ejemplo, Balaam no ve al mensajero que le bloquea el camino, mientras que su burra s\u00ed lo ve. El hombre golpea al animal porque interpreta su comportamiento como un obst\u00e1culo para continuar. La escena invierte lo esperado. El personaje asociado con la capacidad de recibir revelaciones necesita que se le abran los ojos, y el animal que castiga advierte lo que \u00e9l desconoce. Acosta (2009\/2020) reconoce aqu\u00ed un recurso c\u00f3mico que cuestiona la seguridad del supuesto conocedor. La lectura invita a revisar la facilidad con que podemos despreciar a quien comprende algo que nosotros a\u00fan no hemos advertido.<\/p>\n<p>En el relato de Jon\u00e1s, la iron\u00eda se vuelve especialmente intensa. El profeta conoce la misericordia de Dios y, precisamente por eso, se resiste a su misi\u00f3n. Cuando N\u00ednive recibe compasi\u00f3n, se enoja. M\u00e1s adelante, se alegra de una planta que le da sombra y se indigna cuando se seca. El contraste entre su preocupaci\u00f3n por la planta y su resistencia a preservar una ciudad deja al descubierto una compasi\u00f3n muy selectiva (Jon\u00e1s 4; Acosta, 2009\/2020). Podemos sonre\u00edr ante la contradicci\u00f3n y, despu\u00e9s, preguntarnos por las personas que nosotros mismos excluimos de nuestra consideraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos relatos muestran que el humor puede contribuir a una reflexi\u00f3n seria sobre la vida. Tambi\u00e9n encontramos en Eclesiast\u00e9s el reconocimiento de que hay tiempo para llorar y tiempo para re\u00edr (3:4). En Proverbios 17:22 se relaciona la alegr\u00eda con el bienestar mediante una imagen m\u00e9dica. Son expresiones de sabidur\u00eda sobre la experiencia humana, escritas en contextos anteriores a la investigaci\u00f3n cl\u00ednica. Su valor pastoral radica en reconocer que la alegr\u00eda tiene un lugar en la vida y que la solemnidad permanente tampoco expresa toda nuestra humanidad.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3974\" src=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1.jpg\" alt=\"\" width=\"804\" height=\"1200\" srcset=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1.jpg 804w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1-201x300.jpg 201w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1-686x1024.jpg 686w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1-768x1146.jpg 768w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/halloween-dublez-1-8x12.jpg 8w\" sizes=\"auto, (max-width: 804px) 100vw, 804px\" \/><\/a><\/p>\n<h1>Halloween y el juego con nuestros temores<\/h1>\n<p>Halloween se celebra el 31 de octubre. Su nombre proviene de la expresi\u00f3n inglesa <em>All Hallows\u2019 Eve<\/em>, que significa la v\u00edspera de Todos los Santos. En el calendario cat\u00f3lico, el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos y el 2 a la conmemoraci\u00f3n de los Fieles Difuntos. Son fechas relacionadas, con sentidos propios. El historiador Nicholas Rogers (2002) describe el desarrollo de Halloween a partir de tradiciones celtas, celebraciones cristianas y costumbres populares que fueron cambiando con las migraciones y la vida urbana. La fiesta que hoy conocemos tiene una historia de transformaciones.<\/p>\n<p>En esa historia se entrecruzan el recuerdo de los muertos, las creencias en presencias sobrenaturales, las bromas y los disfraces. Con el tiempo, las fiestas infantiles, el intercambio de dulces y el entretenimiento comercial adquirieron mayor protagonismo (Rogers, 2002). Para comprender una celebraci\u00f3n concreta necesitamos atender a lo que hacen y significan sus participantes. Una familia que prepara disfraces para visitar a sus vecinos puede estar buscando un encuentro alegre, sin atribuir a la actividad un sentido religioso.<\/p>\n<p>El disfraz permite representar aquello que produce temor. Un fantasma puede convertirse en el vecino que saluda desde la puerta, y una calavera puede bailar o pedir caramelos. Lo amenazante aparece en una situaci\u00f3n reconocible como juego. En esta lectura simb\u00f3lica de Halloween, la imaginaci\u00f3n nos permite burlarnos de la muerte.<\/p>\n<p>Imaginemos que la muerte llega a medianoche para buscarnos. Recorre las calles convencida de que reconocer\u00e1 nuestros rostros, pero en su lugar encuentra vampiros, brujas, animales fant\u00e1sticos y esqueletos. Busca a una persona y se topa con un personaje. Se acerca a otra y la m\u00e1scara vuelve a confundirla. Entre tanta gente disfrazada, la muerte ya no sabe a qui\u00e9n llevarse. Mientras intenta resolver su desconcierto, nosotros seguimos jugando.<\/p>\n<p>Dentro de esa ficci\u00f3n, al pasar la medianoche celebramos que la muerte no nos reconoci\u00f3 y que viviremos otro d\u00eda, quiz\u00e1 otro a\u00f1o. Los caramelos, el pan y las bebidas compartidas forman parte del festejo. Podemos imaginar a la muerte alej\u00e1ndose sin haber cumplido su prop\u00f3sito, mientras las personas regresan a casa, se quitan el disfraz y agradecen poder seguir juntas. Es una victoria imaginaria que expresa un deseo profundamente humano de disponer de m\u00e1s tiempo.<\/p>\n<p>El juego nos permite representar la angustia y darle un desenlace distinto, al menos durante una noche. Sabemos que un disfraz no detiene la muerte. Precisamente porque conocemos nuestro l\u00edmite, podemos disfrutar de la ficci\u00f3n de haberla confundido. La risa nace de esa complicidad. Todav\u00eda estamos aqu\u00ed; podemos compartir alimento y tenemos una nueva oportunidad para querernos. La celebraci\u00f3n del d\u00eda siguiente o del a\u00f1o siguiente expresa esa alegr\u00eda m\u00e1s que una garant\u00eda del futuro.<\/p>\n<p>Andersen et al. (2020) estudiaron a 110 visitantes de una atracci\u00f3n de terror. Encontraron que el disfrute era mayor con niveles intermedios de miedo. El exceso de temor reduc\u00eda ese disfrute. La investigaci\u00f3n se realiz\u00f3 en un espacio de entretenimiento, pero ayuda a comprender por qu\u00e9 algunas personas buscan un susto cuando pueden vivirlo como parte de un juego. A partir de ello, podemos pensar que ciertas actividades de Halloween ofrecen una ocasi\u00f3n para experimentar temor dentro de l\u00edmites elegidos y compartidos.<\/p>\n<p>Esos l\u00edmites merecen respeto. Un ni\u00f1o puede disfrutar de una calabaza iluminada y, al mismo tiempo, sentirse abrumado por una m\u00e1scara. Una persona adulta puede preferir una reuni\u00f3n sin escenas de violencia. Dar libertad para participar, detenerse o retirarse permite que la fiesta conserve su car\u00e1cter recreativo. Obligar a alguien a soportar un susto convierte la diversi\u00f3n de unos en el malestar de otros.<\/p>\n<p>Los dulces y los alimentos compartidos tambi\u00e9n pueden expresar hospitalidad. Ofrecer algo agradable, reconocer a quienes viven cerca y dedicar un rato a jugar son acciones sencillas que aportan un componente humano a la celebraci\u00f3n. En esta lectura, el dulce puede simbolizar el gusto por seguir viviendo. Ese significado nace del encuentro y de lo que las personas comparten, sin atribuir a un alimento el poder de resolver sus temores.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/catrina.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3964\" src=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/catrina.jpeg\" alt=\"\" width=\"605\" height=\"330\" srcset=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/catrina.jpeg 605w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/catrina-300x164.jpeg 300w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/catrina-18x10.jpeg 18w\" sizes=\"auto, (max-width: 605px) 100vw, 605px\" \/><\/a><\/p>\n<h1>La Catrina y el arte de las calaveras<\/h1>\n<p>En el arte mexicano, la Catrina ofrece otra manera de mirar nuestra mortalidad. Su elegancia resulta llamativa porque, bajo el sombrero y el vestido, se revela un esqueleto. Esa combinaci\u00f3n permite reconocerla como la igualadora. La riqueza, el cargo, la fama y los t\u00edtulos que distinguen a las personas en vida no les otorgan una existencia sin fin. La calavera nos recuerda la fragilidad que compartimos.<\/p>\n<p>La figura tiene una historia art\u00edstica concreta. Jos\u00e9 Guadalupe Posada cre\u00f3 la imagen de una calavera femenina con un sombrero adornado, conocida como la Calavera Garbancera. Diego Rivera retom\u00f3 ese antecedente en su mural de 1947, <em>Sue\u00f1o de una tarde dominical en la Alameda Central<\/em>, y contribuy\u00f3 a consolidar la figura de la Catrina que hoy reconocemos. El Museo Mural Diego Rivera sit\u00faa esa representaci\u00f3n en el marco del homenaje del pintor a Posada y de su recorrido por la historia de M\u00e9xico (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2024).<\/p>\n<p>La fuerza de la imagen reside tambi\u00e9n en su iron\u00eda. El vestido permite presumir distinci\u00f3n, pero el esqueleto deja a la vista lo que ninguna apariencia puede ocultar. Podemos leer en ella una cr\u00edtica a la vanidad y a la pretensi\u00f3n de superioridad. Ante la muerte, quien manda comparte el mismo destino que quien recibe \u00f3rdenes. Esta lectura dialoga con Eclesiast\u00e9s 9:2\u20133, donde las diferencias en la conducta y en la pr\u00e1ctica religiosa no eliminan el destino com\u00fan.<\/p>\n<p>Las calaveras de Posada circularon en un mundo de impresos populares. Las hojas volantes reun\u00edan im\u00e1genes y palabras para llegar a los lectores de la calle. En la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo se publicaban noticias, canciones, relatos y calaveras dedicadas al D\u00eda de Muertos. La exposici\u00f3n <em>Jos\u00e9 Guadalupe Posada: Transmisor<\/em> documenta la relaci\u00f3n entre el grabado, la actividad editorial y la cultura cotidiana (Museo Nacional de Arte, 2013). La calavera pertenec\u00eda as\u00ed a una conversaci\u00f3n p\u00fablica en la que el arte pod\u00eda divertir y comentar lo que ocurr\u00eda en la sociedad.<\/p>\n<p>En las calaveras literarias, esa conversaci\u00f3n toma forma de versos que imaginan la muerte de personas a\u00fan vivas. La muerte puede ir a buscar a un pol\u00edtico, discutir con un maestro o encontrarse con alguien que intenta seguir ejerciendo su oficio hasta en el cementerio. La exageraci\u00f3n permite se\u00f1alar una costumbre, una contradicci\u00f3n o un abuso. Grecia Monroy S\u00e1nchez (2026), al estudiar calaveras pol\u00edticas impresas entre 1917 y 1928, muestra su riqueza po\u00e9tica y su capacidad para expresar miradas cr\u00edticas sobre la etapa final de la Revoluci\u00f3n mexicana. Son peque\u00f1as construcciones literarias en las que la mortalidad sirve para hablar de la vida social.<\/p>\n<p>El grabado y la poes\u00eda convierten, de ese modo, la calavera en una figura con la que podemos conversar. La muerte llega a bailar, a negociar o a quedar en rid\u00edculo. Como ocurre con los disfraces, la imaginaci\u00f3n permite acercarse a una realidad dif\u00edcil de mirar de frente. La Catrina recuerda que el poderoso tambi\u00e9n morir\u00e1. Esa igualdad final nos invita a mirar con mayor urgencia las desigualdades del presente y a preguntarnos c\u00f3mo tratamos a quienes comparten con nosotros una vida limitada.<\/p>\n<h1>Recordar a quienes murieron<\/h1>\n<p>Las fiestas dedicadas a los muertos nos acercan a otra dimensi\u00f3n de la experiencia humana. Recordamos para mantener vivas las historias de quienes han formado parte de nuestra vida. Una receta, una fotograf\u00eda o una expresi\u00f3n familiar puede devolvernos algo de la relaci\u00f3n compartida. La ausencia permanece y, al mismo tiempo, reconocemos que esa persona sigue formando parte de nuestra biograf\u00eda.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, las celebraciones del D\u00eda de Muertos re\u00fanen tradiciones ind\u00edgenas y elementos del calendario cat\u00f3lico. La UNESCO (s. f.) describe estas festividades como pr\u00e1cticas de encuentro con los familiares fallecidos, celebradas entre finales de octubre y comienzos de noviembre, con variaciones entre las comunidades. Las ofrendas, las flores y la preparaci\u00f3n de alimentos tienen sentido en esas historias y creencias. Su cercan\u00eda en el calendario con Halloween permite contactos e intercambios, pero cada celebraci\u00f3n conserva una trayectoria cultural que merece ser conocida.<\/p>\n<p>Para algunas familias, preparar el plato que le gustaba a una persona muerta o reunirse junto a su tumba es una manera de honrarla. Mientras cocinan o conversan, los mayores pueden contar a los m\u00e1s j\u00f3venes c\u00f3mo viv\u00eda, qu\u00e9 le preocupaba y qu\u00e9 la hac\u00eda re\u00edr. Esa transmisi\u00f3n permite conocer a quien quiz\u00e1 muri\u00f3 antes de que las nuevas generaciones pudieran conocerla. El recuerdo tambi\u00e9n conserva su humanidad cotidiana, con sus ocurrencias, sus errores y sus afectos.<\/p>\n<p>Desde una comprensi\u00f3n integradora, el duelo compromete al organismo humano en su totalidad. La ruptura relacional provocada por la muerte puede transformar el descanso, los h\u00e1bitos, las expectativas y la manera de vivir la fe. Integrar esa experiencia en nuestra biograf\u00eda supone encontrar formas de vivir con lo sucedido y con lo que aquella relaci\u00f3n sigue significando. Una celebraci\u00f3n compartida puede ofrecer una ocasi\u00f3n para ello, seg\u00fan las necesidades y preferencias de cada persona.<\/p>\n<h1>El humor en los funerales ante una muerte irreversible<\/h1>\n<p>En los funerales tambi\u00e9n echamos chistes y hacemos gracia. A veces recordamos la manera particular de hablar de quien muri\u00f3, una travesura o una respuesta que todav\u00eda nos sorprende. Cuando esa risa nace del afecto y se recibe con respeto, puede ayudarnos a lidiar con una realidad irreversible. La persona ha muerto y no podremos recuperar su presencia en la vida cotidiana. En medio de ese reconocimiento, la memoria nos devuelve algo de lo que disfrutamos juntos.<\/p>\n<p>La risa no minimiza necesariamente el dolor. Puede aparecer precisamente porque duele reconocer que ya no escucharemos aquella ocurrencia en la voz de quien la dec\u00eda. Al contarla, compartimos tanto la alegr\u00eda del recuerdo como el pesar de la ausencia. El llanto y la sonrisa pueden sucederse en una misma conversaci\u00f3n. Honrar a la persona implica recordar su vida m\u00e1s all\u00e1 de la enfermedad, del accidente o de las circunstancias de su muerte.<\/p>\n<p>Dacher Keltner y George Bonanno (1997) observaron, en entrevistas con personas que hab\u00edan enviudado, que ciertas expresiones de risa se asociaban con menos emociones desagradables y con aspectos positivos de sus relaciones. Las entrevistas se realizaron seis meses despu\u00e9s de la muerte. El estudio no demuestra que la risa cause esas diferencias, pero ayuda a reconocer que el dolor y la alegr\u00eda pueden coexistir durante el duelo. Re\u00edr no es una obligaci\u00f3n ni una medida del amor hacia quien muri\u00f3.<\/p>\n<p>En un velatorio, el humor tambi\u00e9n puede ofrecer un breve respiro a quienes llevan horas bajo una gran tensi\u00f3n. Una historia compartida facilita que las personas se miren, conversen y reconozcan que est\u00e1n juntas ante lo sucedido. Despu\u00e9s puede volver el llanto. Ese movimiento nos recuerda que ninguna expresi\u00f3n aislada describe por completo el duelo de una persona.<\/p>\n<p>El momento y la relaci\u00f3n importan. Quien cuenta una historia debe atender a c\u00f3mo la reciben las personas m\u00e1s afectadas. Algunas querr\u00e1n recordar con humor y otras necesitar\u00e1n silencio. Si una broma incomoda, corresponde detenerse. El humor tiene valor cuando ayuda a sostener la experiencia compartida y deja espacio para todas sus expresiones. As\u00ed puede ayudarnos a integrar la muerte en nuestra biograf\u00eda y a aprender a vivir con la ausencia.<\/p>\n<h1>Una risa que respeta y cuida<\/h1>\n<p>El humor puede acercar a las personas y tambi\u00e9n herirlas. Alemany y Cabestrero (2008) advierten que su utilidad en una relaci\u00f3n de ayuda depende de la sensibilidad hacia quien recibe la intervenci\u00f3n. Una ocurrencia puede abrir una conversaci\u00f3n cuando hay confianza. La misma frase, en otro momento o dicha por otra persona, puede percibirse como una expresi\u00f3n de desprecio. El deseo de hacer re\u00edr no nos libera de la responsabilidad por lo que provocamos.<\/p>\n<p>En la vida cotidiana, esta responsabilidad requiere considerar a qui\u00e9n va dirigida la broma. Convertir una discapacidad, una enfermedad, el origen de una persona o su sufrimiento en motivo de diversi\u00f3n puede reforzar la exclusi\u00f3n. Tambi\u00e9n importa la diferencia de poder. Cuando quien hace el chiste es un supervisor, un docente o una autoridad religiosa, las personas pueden re\u00edr para evitar una consecuencia desagradable. Esa risa no demuestra que se sientan respetadas.<\/p>\n<p>El humor que cuida deja espacio para que la otra persona diga que algo le incomoda. Si una broma hiere, corresponde escuchar, reconocer el efecto y modificar la conducta. La frase \u00abera solo un chiste\u00bb no compensa el da\u00f1o. Incluso en Proverbios 26:18\u201319 se cuestiona a quien enga\u00f1a a su pr\u00f3jimo y luego pretende justificarse diciendo que solo estaba bromeando. La responsabilidad por nuestras acciones tambi\u00e9n se mantiene cuando buscamos divertirnos.<\/p>\n<p>En el cuidado pastoral, la alegr\u00eda necesita libertad. Podemos recibir una an\u00e9cdota divertida, compartir una sonrisa o facilitar un encuentro agradable sin exigir a nadie que cambie de \u00e1nimo. Habr\u00e1 momentos para la conversaci\u00f3n ligera y otros para escuchar el dolor. Cuando una persona necesita asistencia m\u00e9dica, psicol\u00f3gica o social, el humor puede formar parte del trato humano durante la atenci\u00f3n de esas necesidades.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/diadelosmuertos.jpeg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-3970\" src=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/diadelosmuertos.jpeg\" alt=\"\" width=\"643\" height=\"477\" srcset=\"https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/diadelosmuertos.jpeg 643w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/diadelosmuertos-300x223.jpeg 300w, https:\/\/ministeriomct.org\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/diadelosmuertos-16x12.jpeg 16w\" sizes=\"auto, (max-width: 643px) 100vw, 643px\" \/><\/a><\/p>\n<h1>La responsabilidad de no condenar el juego<\/h1>\n<p>Resulta triste recurrir a la idea del diablo o de los demonios para juzgar a quienes participan en estos juegos. Un ni\u00f1o que se disfraza, una familia que comparte dulces o una persona que se pinta una calavera puede estar expresando creatividad, afecto o gusto por una tradici\u00f3n. Atribuirles una relaci\u00f3n con el mal sin escuchar lo que hacen ni lo que esa actividad significa para esas personas convierte una ocasi\u00f3n de encuentro en un motivo de sospecha y condena.<\/p>\n<p>El significado de una figura tambi\u00e9n depende de la historia en la que aparece. Un esqueleto dibujado en una hoja, una Catrina en un mural y un disfraz de fantasma pueden pertenecer al arte, a la s\u00e1tira o al juego. Interpretar esas expresiones exige conocer su contexto. La hermen\u00e9utica del amor y la justicia nos orienta a escuchar a las personas y a examinar las consecuencias de sus acciones, en lugar de atribuirles intenciones a partir de una imagen aislada.<\/p>\n<p>Quienes prefieren no participar conservan esa libertad. La misma consideraci\u00f3n corresponde a quienes encuentran en la celebraci\u00f3n una forma de convivir y de afrontar sus temores. Desde una perspectiva pastoral, preocupa que se asuste a los ni\u00f1os con amenazas espirituales o que se averg\u00fcence a una familia por una actividad recreativa. Podemos expresar nuestras convicciones sin convertir al vecino en sospechoso de servir al diablo. El cuidado se reconoce en la dignidad que protegemos y en la manera en que tratamos a las personas.<\/p>\n<h1>Conclusi\u00f3n<\/h1>\n<p>La muerte pertenece a nuestra condici\u00f3n de seres vivos, pero su naturalidad no elimina la angustia que puede provocarnos. Los escritores b\u00edblicos reconocieron ese l\u00edmite al hablar del retorno al polvo, del destino compartido con los animales y de la necesidad de contar nuestros d\u00edas con sabidur\u00eda. Esa mirada nos sit\u00faa ante la responsabilidad de cuidar la vida mientras la tenemos y de atender el dolor que deja una ausencia.<\/p>\n<p>Para vivir con esa realidad recurrimos a la memoria, las relaciones, la fe, los rituales, el arte y las tareas cotidianas. El humor participa de esa b\u00fasqueda. Un funeral puede permitirnos recordar con afecto a quien muri\u00f3 y descansar un momento del dolor. La irreversibilidad permanece, mientras aprendemos a vivir sin aquella presencia e integramos la relaci\u00f3n compartida en nuestra biograf\u00eda.<\/p>\n<p>En el juego de Halloween, la muerte llega a medianoche y se marcha, confundida, entre nuestros disfraces. Celebramos, dentro de esa historia, que tendremos otro d\u00eda o quiz\u00e1 otro a\u00f1o. La Catrina y las calaveras literarias expresan, a su manera, la misma conciencia de la fragilidad. Se r\u00eden de las pretensiones de grandeza y nos recuerdan que todos somos mortales. Podemos recibir esas creaciones como oportunidades para pensar, disfrutar y encontrarnos, sin condenar a quienes participan de ellas.<\/p>\n<p>Qohelet invita a disfrutar de la comida, el amor y el trabajo en una existencia limitada por la muerte (Eclesiast\u00e9s 9:7\u201310). Desde nuestra responsabilidad pastoral, esa invitaci\u00f3n cobra forma cuando compartimos la mesa, atendemos una conversaci\u00f3n pendiente o dedicamos tiempo a alguien que necesita compa\u00f1\u00eda. Para quienes vivimos desde la fe, la esperanza en Dios puede sostener ese compromiso con la vida presente.<\/p>\n<p>Celebremos, pues, la vida al reconocer la muerte. Celebremos la vida honrando a quienes murieron antes que nosotros. Podemos llorar cuando lo necesitemos, contar una historia que nos haga sonre\u00edr y recibir con gratitud un nuevo encuentro. Mientras estamos aqu\u00ed, todav\u00eda podemos hacer de la vida de otras personas una experiencia m\u00e1s digna, m\u00e1s justa y tambi\u00e9n m\u00e1s alegre.<\/p>\n<h1>Referencias<\/h1>\n<p>Acosta, M. A. (2020). <em>El humor en el Antiguo Testamento<\/em>. Ediciones Puma. (Trabajo original publicado en 2009)<\/p>\n<p>Alemany, C., &amp; Cabestrero, R. (2008). Humor, psicolog\u00eda y psicoterapia: Estudios e investigaciones. En \u00c1. Rodr\u00edguez Id\u00edgoras (Ed.), <em>El valor terap\u00e9utico del humor<\/em> (3.\u00aa ed., pp. 111\u2013184). Descl\u00e9e De Brouwer.<\/p>\n<p>Andersen, M. M., Schjoedt, U., Price, H., Rosas, F. E., Scrivner, C., &amp; Clasen, M. (2020). Playing with fear: A field study in recreational horror. <em>Psychological Science, 31<\/em>(12), 1497\u20131510. https:\/\/doi.org\/10.1177\/0956797620972116<\/p>\n<p>Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. (2024, 29 de octubre). <em>Recorridos especiales por el mural Sue\u00f1o de una tarde dominical, en la Alameda Central, obra en la que se inmortaliz\u00f3 a La Catrina<\/em>. https:\/\/inba.gob.mx\/prensa\/21261\/recorridos-especiales-por-el-muralsueno-de-una-tarde-dominical-en-la-alameda-central-obra-en-la-cual-se-inmortalizo-ala-catrina<\/p>\n<p>Keltner, D., &amp; Bonanno, G. A. (1997). A study of laughter and dissociation: Distinct correlates of laughter and smiling during bereavement. <em>Journal of Personality and Social Psychology, 73<\/em>(4), 687\u2013702. https:\/\/doi.org\/10.1037\/0022-3514.73.4.687<\/p>\n<p>Kramer, C. K., &amp; Leitao, C. B. (2023). Laughter as medicine: A systematic review and meta-analysis of interventional studies evaluating the impact of spontaneous laughter on cortisol levels. <em>PLOS ONE, 18<\/em>(5), e0286260. https:\/\/doi.org\/10.1371\/journal.pone.0286260<\/p>\n<p>Li, L., Cui, Y., Guo, X., Zhou, Y., &amp; Tang, Y. (2026). Laughter intervention for stress reduction in adults: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. <em>BMC Psychology, 14<\/em>, Art\u00edculo 800. https:\/\/doi.org\/10.1186\/s40359-026-04526-1<\/p>\n<p>Monroy S\u00e1nchez, G. (2026). Formas po\u00e9ticas y procesos escriturales en las calaveras pol\u00edticas de la imprenta Testamentar\u00eda de Antonio Vanegas Arroyo (1917\u20131928). <em>Inflexiones. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades<\/em>, (17), 183\u2013219. https:\/\/doi.org\/10.22201\/udir.2954341xp.2026.260<\/p>\n<p>Museo Nacional de Arte. (2013). <em>Jos\u00e9 Guadalupe Posada: Transmisor<\/em> [Cuadernillo de exposici\u00f3n]. https:\/\/www.munal.gob.mx\/micrositios\/posada\/imgs\/Cuadernillo.pdf<\/p>\n<p>Neimeyer, R. A. (2019). Meaning reconstruction in bereavement: Development of a research program. <em>Death Studies, 43<\/em>(2), 79\u201391. https:\/\/doi.org\/10.1080\/07481187.2018.1456620<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez Id\u00edgoras, \u00c1. (2008). La dimensi\u00f3n terap\u00e9utica del humor. En \u00c1. Rodr\u00edguez Id\u00edgoras (Ed.), <em>El valor terap\u00e9utico del humor<\/em> (3.\u00aa ed., pp. 15\u201340). Descl\u00e9e De Brouwer.<\/p>\n<p>Rogers, N. (2002). <em>Halloween: From pagan ritual to party night<\/em>. Oxford University Press. https:\/\/doi.org\/10.1093\/oso\/9780195146912.001.0001<\/p>\n<p>Stroebe, M., &amp; Schut, H. (1999). The dual process model of coping with bereavement: Rationale and description. <em>Death Studies, 23<\/em>(3), 197\u2013224. https:\/\/doi.org\/10.1080\/074811899201046<\/p>\n<p>UNESCO. (s. f.). <em>Las fiestas ind\u00edgenas dedicadas a los muertos<\/em>. https:\/\/ich.unesco.org\/es\/RL\/las-fiestas-indigenas-dedicadas-a-los-muertos-00054<\/p>\n<p>Wellenzohn, S., Proyer, R. T., &amp; Ruch, W. (2016). Humor-based online positive psychology interventions: A randomized placebo-controlled long-term trial. <em>The Journal of Positive Psychology, 11<\/em>(6), 584\u2013594. https:\/\/doi.org\/10.1080\/17439760.2015.1137624<\/p>\n<!--a=1--><!--a=1-->\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El humor y Halloweenfrente al miedo y la muerte Esteban Montilla, Ph.D. Una calavera que sonr\u00ede, un fantasma hecho con una s\u00e1bana o una an\u00e9cdota graciosa contada durante un velatorio pueden parecer fuera de lugar. Sin embargo, en esas escenas reconocemos una valiosa capacidad humana. 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