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RECURSOS · 6 octubre, 2026

¿Qué significa ser iglesia?

¿Qué significa ser iglesia?
R. Esteban Montilla, Ph.D.

Hablar de iglesia suele llevarnos a pensar en un edificio, una denominación o una institución. Su sentido más profundo, sin embargo, reside en las personas que se reúnen para compartir la vida y aprender a vivir desde el amor, la justicia, la misericordia y la esperanza. La iglesia acontece en ese encuentro, cuando la fe adquiere una expresión concreta en la manera de reconocernos, tratarnos y asumir la responsabilidad por el bienestar de los demás.

El término griego ekklesía, utilizado por las primeras comunidades cristianas, designa una asamblea. Reunirse permite aprender, discernir y sostenerse mutuamente. El autor de Hebreos vincula la reunión comunitaria con la responsabilidad de «estimularnos al amor y a las buenas obras» (Hebreos 10:24–25, NVI). Congregarse adquiere así una profundidad relacional. Nuestra presencia puede ayudar a otra persona a recuperar fuerzas, a expresar una preocupación o a encontrar apoyo para afrontar lo que está viviendo.

La mesa expresa de manera cercana esta comprensión de la iglesia. Jesús comió con personas cuya presencia provocaba el rechazo de algunos dirigentes religiosos, como ocurrió en el banquete ofrecido por Leví (Lucas 5:29–32). Alrededor de una mesa, alguien ofrece pan y otro comparte una historia; al escucharla, descubrimos una vida que desconocíamos. La comunión toma forma en esa disposición a compartir alimento, tiempo y recursos, pero también en la libertad de preguntar y participar sin que las diferencias se conviertan en motivo de exclusión.

Esta manera de encontrarnos transforma nuestra relación con lo sagrado. En el discurso de Pablo en Atenas, Dios es presentado como aquel cuya presencia no se limita a los templos y de quien procede la vida (Hechos 17:24–25). Desde esta perspectiva, el edificio encuentra su sentido al servir al encuentro. Reconocer la vida humana como lugar de presencia divina nos compromete a proteger la dignidad y a asistir a quienes atraviesan situaciones de fragilidad. Cada persona necesita ser reconocida en su voz, en su libertad y en su capacidad de participar en la vida compartida.

También la adoración encuentra continuidad en el trato cotidiano. El canto y la oración pueden nutrir nuestra vida espiritual y orientarnos hacia lo que el profeta Miqueas expresa como «practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente ante tu Dios» (Miqueas 6:8, NVI). En la escena del juicio narrada en Mateo 25:31–46, Jesús se identifica con sus hermanos más pequeños y con la asistencia que reciben. Leída desde el cuidado de la vida, esta escena nos llama a reconocer una responsabilidad espiritual en la atención al hambre, a la enfermedad y al desamparo.

Ser iglesia implica, por tanto, reunirnos para luego salir. Necesitamos espacios donde recordar, aprender y recuperar la esperanza, y llevar lo vivido allí a nuestras relaciones familiares, al trabajo y a la comunidad. La misión se prolonga cuando alguien advierte una necesidad y se dispone a responder, a compartir lo que tiene o a intervenir ante una injusticia. Así, la reunión sigue dando fruto cuando cada persona regresa a su vida cotidiana.

Una pregunta puede orientar nuestro discernimiento. ¿Qué ocurre con las personas cuando nos reunimos? La respuesta se reconoce en la posibilidad de hablar sin temor, en el apoyo que recibe quien llega cansado y en el lugar que encuentra quien suele quedar al margen. Allí donde las diversas voces participan y quienes han recibido ayuda también pueden ofrecerla, la fe se vuelve una responsabilidad compartida. Ser iglesia es cultivar esa manera de encontrarnos y salir nuevamente al mundo con mayor disposición para cuidar y vivificar la vida.

Haciendo clic aquí, puede ver el video que resume lo que significa ser iglesia. 

Santa Biblia: Nueva Versión Internacional. (2022). Biblica.