El humor como herramienta para afrontar los terrores y la muerte

Esteban Montilla | 31 octubre, 2025

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El papel del humor en el bienestar humano

El ser humano busca la alegría y el gozo mediante diversos medios, entre ellos el arte, la música, la poesía, la escritura, la comedia y el humor. Este movimiento hacia la recreación facilita el fortalecimiento de las relaciones con las personas aliadas, vigoriza el sistema inmunitario, agudiza la capacidad intelectual y optimiza el funcionamiento general del organismo (Martin, 2019; Wellenzohn et al., 2016).

El humor también es una vía para comunicar lo que se piensa, siente y espera. Por ejemplo, la comedia se utiliza para expresar el descontento ante sistemas de gobierno que afectan el bienestar de la sociedad. La sátira y la ironía, como estrategias para denunciar tanto la corrupción como las prácticas injustas, son comunes entre comediantes que usan sus payasadas para hacer reír, pero al mismo tiempo para compartir grandes verdades.

Los escritores usan las novelas para nuestro entretenimiento, así como para reflejar la realidad política y psicológica de una nación, como lo ilustra el gran Miguel de Cervantes (1605) en su obra “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, donde muestra que los líderes, en su afán de poder, usaban cualquier estrategia engañosa para dominar y el pueblo hipnotizado seguía las directrices sin cuestionar a estos maleantes. Hoy, esta obra profética de denuncia sigue activa en las personas comediantes, los directores de película y las compositoras de música.

El humor, además, cumple un rol de suma importancia, como el de lidiar con los desafíos e incertidumbres de la vida. Los seres humanos a menudo enfrentan agentes estresantes que desestabilizan el funcionamiento regular de una persona y de su grupo. Estos eventos, como las enfermedades, las rupturas relacionales y la muerte, pueden resultar agobiantes. Los chistes y las bromas pueden ayudar a reducir los niveles de hormonas asociadas al estrés, como el cortisol y la adrenalina (epinefrina), una vez que desaparece la amenaza. Además, el humor puede incrementar los niveles de hormonas y neurotransmisores que promueven el bienestar general, como la dopamina, las endorfinas, la serotonina y la oxitocina (Baixauli, 2017; Macdonald, K., & Feifel, D., 2013).

Cabe destacar que el humor, como herramienta de comunicación, también puede usarse para causar gran daño. Esto se puede ver en los chistes que degradan y deshumanizan a las demás personas y grupos. Las bromas dirigidas a individuos y comunidades que viven en los márgenes y en situación vulnerable, además de ser crueles, perpetúan estereotipos negativos y causan daño psicológico, social y espiritual. Conviene hacer uso de la sabiduría, la empatía y la compasión al evaluar el impacto que puede tener una ocurrencia o un chiste en las personas que la escuchan, en quienes la ven o en quienes está dirigido. El punto sería buscar reírse con las personas en lugar de burlarse de ellas.


El recuerdo, las memorias y las festividades
El ser humano goza de la capacidad de recordar para así escoger mejor en el presente y visualizarse en el mañana. Esta habilidad de evocar memorias, además de servir como estrategia de supervivencia, contribuye a la búsqueda de sentido y al manejo de experiencias dolorosas, como la muerte de un ser querido. El duelo, esa experiencia fisiológica ante una ruptura relacional, tiene repercusiones en todas las esferas de la existencia, incluidas las psicológicas, sociales, conductuales, relacionales y espirituales. Para el manejo del duelo, la humanidad ha creado varias estrategias individuales y sociales, como la memoria de las personas que nos antecedieron en la muerte.

La gran mayoría de las culturas elige un día o varios para conmemorar la vida de las personas fallecidas. Por ejemplo, la celebración del 1 de noviembre como el Día de los Muertos, en la que las personas construyen pequeños altares, visitan los cementerios o panteones para limpiar las tumbas, adornarlas con flores y, junto a los demás familiares vivientes, comer y beber bebidas azucaradas y saborear algunos dulces. Esa experiencia de convivencia permite al grupo evocar memorias, recordar momentos compartidos con esa persona fallecida, honrar el legado que dejaron, mantener viva su influencia en las nuevas generaciones y así gozar de la compañía simbólica de los muertos.

Las festividades, como el carnaval, la Navidad, el Día de Acción de Gracias y el Halloween (All Hallows’ Eve o Víspera de Todos los Santos), forman parte de esas actividades recreativas para relajarse y encontrar solaz. En el cristianismo, desde los años 700-800 d.C., se celebra oficialmente el Día de los Muertos (Todos los Santos, Día de los Santos, de los Mártires) el primero de noviembre. Claro, antes de esa fecha los cristianos celebraban anualmente la vida de los muertos, pero en otros meses.

En las religiones aborígenes o elípticas, antes de las imposiciones cristianas, en el mes de noviembre se reunían en los lugares o cuevas donde yacían las tumbas o momias de sus antepasados para compartir la comida, las bebidas, los dulces, celebrar las memorias que tenían de ellos, jugar con los cometas (papalotes, papagayos) y honrar sus vidas. En las culturas europeas originales se le prestaba especial atención al cambio estacional; por ello, en la primera semana de noviembre, cuando comenzaba a anochecer más temprano, también acostumbraban a celebrar la vida de las personas que ya habían muerto.

La idea de recordar y honrar a las personas (niños, niñas, adolescentes, adultos y adultos mayores) que han muerto asiste al ser humano en el manejo del duelo, a celebrar la sabiduría ancestral y a vivir con plenitud el presente, reconociendo nuestra naturaleza mortal y valorando la importancia de vivir en comunidad. Estas maneras saludables de reconocer la muerte y la influencia de los antepasados protegen contra el uso de conductas erráticas, derrotistas y destructivas, como el aislamiento, el uso indebido de drogas y las prácticas supersticiosas dañinas.

El 31 de octubre, como día anterior de la celebración de los muertos, se le conoce como la Víspera de los Muertos o Víspera de los Santos (Halloween, All Hallows), y en este día algunas culturas encienden una vela por cada familiar que haya muerto, preparan los platos y bebidas favoritas de las personas que murieron, toman café o té con pan dulce.

En Halloween (víspera de Todos los Santos) se usa el humor tétrico para burlarse de la muerte, que, al no poder identificar a las personas que viene a buscar a medianoche porque están disfrazadas, se engaña. La muerte, aunque una realidad natural y esperada, puede generar mucha angustia en un ser humano, en tanto que esta ruptura relacional implica una nueva identidad: seguir en la vida sin esa persona. De allí que aún en los velatorios y entierros se usen chistes y anécdotas graciosas para afrontar el pesar y el duelo.

El simbolismo de Halloween (víspera de Todos los Santos) apunta a lo que aterra al ser humano: la soledad, la enfermedad, el sufrimiento, la muerte y lo desconocido del más allá (fantasmas, espíritus). Entonces, durante esta fiesta, aunque solo por una noche, se puede reír, burlarse y aun liberarse de esos miedos al darse permiso para disfrazarse de fantasmas, espíritus, vampiros y la misma muerte.

En otras palabras, en vez de huirle al miedo y a la mortalidad, se enfrentan, se abrazan y se ríen de ellas. Esta fiesta burlona tiene como broche de cierre el comer dulces, que aportan felicidad al ser humano. La gracia o broma (punchline) se materializa en estos panes, caramelos, pasteles y bebidas dulces, que simbolizan la felicidad y terminan de disolver los terrores de la vida. Así, esta fiesta es una celebración de la vida, en la que los seres humanos se aferran a la esperanza y a la capacidad de adaptación que los caracteriza. El poder destructivo de la muerte por un día cede el paso al humor.

Estas prácticas artísticas varían de región en región, pero el punto común de todas es que la muerte es real, les ocurre a todas las personas y que es importante no olvidarse de quienes nos precedieron. El reconocerlos y honrarlos contribuye a un vivir más humilde y pleno. Estas fiestas también nos asisten al evitar que nos distraigamos tanto con los afanes de la vida que olvidemos que somos mortales, que hoy estamos, pero mañana no, que la igualadora, la catrina, la calavera nos espera a todos. Celebremos, pues, la vida al reconocer la muerte. Celebremos la vida honrando a quienes murieron antes que nosotros.

La celebración de los muertos también se asocia con la comida. El comer es símbolo de vida y el dulce representa la felicidad. De allí que, al celebrar la vida de nuestros antepasados, declaramos al mundo que nos movemos hacia el mañana con la esperanza en Dios y la inspiración de quienes nos precedieron en la muerte. Este gozo de saborear un pan representa una invitación a vivir la vida de manera plena, porque, al final, es lo que tenemos. En tanto, a todos nos espera el Sheol o el sepulcro. Así que, como dice el Qohelet: Lo mejor en esta vida es comer bien, beber, pasarla bien con las personas que te aprecian, hacer tu trabajo con alegría, asistir al oprimido, convivir en paz, practicar la justicia, condolerse con los enlutados, ser moderados en nuestro actuar, aprovechar las oportunidades que te ofrece la vida, buscar la sabiduría, apartarnos del mal y guardar los mandamientos de Dios (Eclesiastés 1-12).


Referencias

Baixauli, E. (2017). Happiness: Role of Dopamine and Serotonin on Mood and Negative Emotions. Emerging Medicine (Los Angel), 7, 350. doi:10.4172/2165-7548.1000350.

Berridge, K. C., & Kringelbach, M. L. (2015). Pleasure systems in the brain. Neuron, 86(3), 646–667. doi:10.1016/j.neuron.2015.04.017.

Huang, C., Ding, J., & Li, J. (2019). The roles of serotonin in neuropsychiatric disorders. Cellular and Molecular Neurobiology, 39(6), 769–782. doi:10.1007/s10571-019-00714-y

Macdonald, K., & Feifel, D. (2013). The role of oxytocin in social bonding, stress regulation and psychiatric disorders. Journal of Neuroendocrinology, 25(12), 1147–1162. doi:10.1111/jne.12100.

Martin, R. A. (2019). Humor. In M. W. Gallagher & S. J. Lopez (Eds.), Positive psychological assessment: A handbook of models and measures (pp. 305–316). American Psychological Association.

Wellenzohn, S., Proyer, R. T., & Ruch, W. (2016). Humor-based online positive psychology interventions: A randomized placebo-controlled long-term trial. Journal of Positive Psychology , 11(6), 584–594. 10.1080/17439760.2015.1137624