El origen de la Navidad y de una nueva religión
Esteban Montilla | 20 diciembre, 2024

Introducción
La Navidad es una celebración que ha trascendido lo religioso al convertirse en una oportunidad social que reúne a los familiares y amistades cercanas para juntos cocinar, comer, cantar, contar experiencias vividas e intercambiar regalos. Esta fiesta se remonta hacia los inicios del año 300 d. C., cuando unos líderes cristianos de ese entonces decidieron, por razones teológicas y contextuales, enfatizar el nacimiento de Jesús de Nazaret.
Esos teólogos cristianos querían afirmar que la persona que inspiró esta nueva religión llamada cristianismo fue un ser humano histórico y real. Además, aprovecharon para conectar el nacimiento de Jesús de Nazaret con la celebración de varias fiestas conocidas en esa región.
Los romanos celebraban Las Saturnales, una fiesta que duraba 7 días comenzando el 17 de diciembre donde había mucha carne fresca, porque los ganaderos sacrificaban animales en preparación para la estación del invierno, y así abundaba la variedad de comidas las cuales compartían los miembros de la aristocracia con el resto del pueblo. Además, había diversos espectáculos de entretenimiento e intercambio de regalos.
Otra celebración popular en ese entonces era la Fiesta a Mitra, que a su vez la conectaban con el evento del Invencible Sol (Natalis Solis Invicti) y así el 25 de diciembre era una festividad apoteósica con música, bebidas, comidas, juegos, luces y regalos. El objetivo de esa fiesta era celebrar la luminosidad, la victoria de la luz sobre la oscuridad y la esperanza de que después de una larga noche vendría un nuevo día resplandeciente.
En esa parte del mundo, el Solsticio de Invierno (la noche más larga y el día con menos luz) ocurría entre el 21-25 de diciembre. Las personas encendían antorchas y lámparas el día 24 de diciembre para ayudar al sol en su lucha contra la oscuridad que arropaba la Tierra, y al amanecer el veinticinco de diciembre, con un sol resplandeciente, las personas aclamaban que una vez más el sol, la fuente de vida había derrotado las tinieblas.
La conexión de las fiestas del Imperio romano con el nacimiento de Jesús de Nazaret
Esa decisión de conectar el nacimiento de Jesús de Nazaret con estas fiestas le permitió a esta nueva religión afirmarse como una fuerza de fe en ese territorio. A partir del año 313 d. C., con el Edicto de Milán emitido por los emperadores Licinio y Constantino (González, 1994), esta religión cristiana logró el reconocimiento en la sociedad y el acceso al poder que antes se le había negado.
Fue también en ese siglo cuando se definió cuáles serían los escritos cristianos que la comunidad consideraría sagrados. Este fue un proyecto liderado por un dirigente llamado Atanasio de Alejandría (c.296—373 d. C.) quién fue un pastor con mucha influencia e hizo una lista de veinte siete libros en el año 367 d. C., la cual fue aceptada por la mayoría como reflejo de las enseñanzas de Jesús de Nazaret y sus apóstoles. A esta selección de escritos se le llamó Nuevo Testamento.
Una década más tarde, otro grupo de líderes de esta nueva religión, dirigidos por Jerónimo, decidieron a partir del año 382 d. C. crear lo que hoy se conoce como la Biblia Cristiana. Ellos lograron la producción de ese libro sagrado, quitándole prestada a los judíos la Biblia Hebrea, modificándole el nombre para llamarle Antiguo Testamento y además cambiarle el orden que tenía para que terminara en Malaquías en vez de Crónicas.
A esa obra sagrada modificada le añadieron los escritos cristianos o Nuevo Testamento, y decidieron colocar de primero al Evangelio de Mateo, porque este presenta a Juan el Bautista como el Elías que se menciona al final de Malaquías y esta forma se daba la impresión de que había una conexión y continuidad entre ambos libros. “Es cierto que Elías viene primero, y que él lo arreglará todo. Pero yo les digo que Elías ya vino, y que ellos no lo reconocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron… Entonces los discípulos se dieron cuenta de que Jesús les estaba hablando de Juan el Bautista” (Mateo 17:12-13, DHH).
Los organizadores de ese proyecto, al alterar el orden de los libros de la Biblia Hebrea y cambiarle el nombre, lograron darle mayor credibilidad a esta nueva fe en tanto la religión judía estaba bien establecida. Además, la idea de cambiarle el nombre a Antiguo Testamento señalaba que algo nuevo y fresco había llegado. Fue así como finalmente en el año 405 d. C. apareció la primera Biblia Cristiana, llamada Vulgata Latina.
Pero, además, conectando las fiestas decembrinas comunes en el Imperio romano con el nacimiento de Jesús de Nazaret, pudieron lograr compartir con una mayor audiencia y en libertad acerca del modelo de vida o “reino de Dios” donde se sugiere un marco ético para la sana convivencia, un vivir justo, bondadoso y noble.
A partir de allí, esta religión poco conocida tuvo una oportunidad de hacerse presente en los diferentes quehaceres de esa sociedad. Claro, esta nueva propuesta religiosa, por razones políticas, económicas y presiones culturales, fue adaptándose a su contexto y en el proceso incorporó creencias y prácticas rituales que antes no había considerado.
Una propuesta religiosa muy diferente al judaísmo bíblico.
Esta nueva religión, que se había iniciado movida por las enseñanzas de Jesús de Nazaret y que sus discípulos más tarde comenzaron a consolidar, proponía un sistema de creencias y un set de prácticas muy diferentes a la religión judía, como se presenta en la Biblia Hebrea. Este proyecto de fe propuso una religión sin templo, sin sacrificio de animales, sin sacerdotes, sin diezmos, sin cadenas intelectuales, sin exclusión, sin fronteras y sin estructuras sociales demagogas.
Era sin duda una propuesta religiosa muy diferente porque las bases de las creencias venían mayoritariamente de escritos apocalípticos de judíos disidentes que datan del 165-50 a. C., incluyendo el libro de Daniel, el Libro de Enoc, el Libro de Adán y Eva, el Libro de los Jubileos, el Libro la Ascensión de Moisés entre otros. Estos escritos apocalípticos constituyeron la base de las enseñanzas de Jesús de Nazaret y la raíz de la teología cristiana (Blanco, 2013; Collins, 1998).
En esos escritos apocalípticos judíos, y no en la Biblia Hebrea, se encuentran las enseñanzas centrales del cristianismo, tales como el mesianismo cósmico, la resurrección de los muertos, el orarle a Dios refiriéndole como padre y la adoración por medio de actos de servicio. Así como también la acción maléfica del Diablo, los ángeles caídos, la guerra celestial entre el bien y el mal trasladado a la tierra. La creencia en el alma o espíritu como entidad capaz de vivir independiente del cuerpo humano, el fin del mundo, el infierno, así como la idea de nuevos cielos y nueva tierra.
Esta nueva religión se presentó como un vino nuevo. “Nadie arregla un vestido viejo con un remiendo de tela nueva, porque el remiendo nuevo se encoge y rompe el vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque los cueros se revientan, y tanto el vino como los cueros se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos, para que así se conserven las dos cosas” (Mateo 9:16-17, DDH).
Ciertamente, estas creencias representaban algo nuevo y fresco para la audiencia mayoritaria. Al revisar esa propuesta sobre cómo llevar la vida y convivir tal cual enseñó Jesús de Nazaret, se puede ver que es una sugerencia de vida muy liberadora y aplicable a diversos contextos históricos, en tanto hoy se vive una realidad social muy parecida a la de su tiempo.
Ante la tentación del uso inapropiado de poder, este proyecto de vida cristiano sirve como un recordatorio a los líderes religiosos que eviten creerse dueños únicos y plenipotenciarios de la verdad. Además, que no traten de ejercer control sobre aspectos básicos de la vida de una persona, tales como que comer, cómo vestirse, con quién llevar vida de pareja, cómo pensar, sentir y actuar. Un liderazgo religioso opresor que se esconda detrás de un celo religioso mórbido cierra las puertas a la ciencia mientras abre los portales a la magia y la superstición.
Esta dirigencia autoritaria usa la extorsión religiosa a través del miedo, amenazas de pérdida de salvación, y de promesas engañosas de bienestar para mantener el control de sus miembros o feligreses. El uso de la religión de control también se trasladó a políticos inescrupulosos y populistas, lo que hace más difícil el cumplimiento del evangelio de que los seres humanos sean libres.
Es probable que el resurgimiento de estos líderes religiosos opresores haya contribuido a la apatía religiosa e indiferencia política en un gran número de personas en la sociedad. Hoy, pues, parece que la noche es muy larga y la oscuridad permanece por más tiempo del necesario. Entonces encendamos las luces de la libertad, la paz, la justicia y la bondad para que aparezca el Sol en todo su esplendor. Una vez más es necesaria la Navidad.
Jesús de Nazaret, un hombre mestizo como el Rey David
Es interesante notar que el ángel que se le presentó a José lo liberó del dilema de tener que buscar un nombre para el bebe que nacería unas cuarenta semanas más tarde. No hubo necesidad de entrar en conflicto con la abuela ni con el resto de los familiares. El nombre que el ángel del Señor le proporcionó a José era bastante usual. Josué, que en su forma griega es Jesús. Este nombre, Josué, precisamente significa Yah Salva. ¿Ahora de qué nos salva Jesús de Nazaret?
El autor del libro de Mateo ubica tal acontecimiento en el contexto genealógico de Jesús de Nazaret. A pesar de que no están muy claras las razones por las cuales el escritor de este evangelio inicia la obra de esta manera, evidentemente, se quería afirmar que Jesús fue un personaje real e histórico descendiente del linaje del fundador de la fe hebrea, Abraham, así como también del gran rey, David.
El autor, asumiendo una perspectiva teológica y nemotécnica más no histórica, divide la genealogía en tres períodos que abarcan unos dos mil años. Este escritor, para contrarrestar la acusación de que Jesús de Nazaret era un mestizo, decide echar mano de mujeres antepasadas de David que eran extranjeras, sugiriendo así que el gran rey también tenía sangre mezclada.
Es así como este escritor, siguiendo un patrón no común en esa tradición, destaca mujeres en cada uno de los tres períodos. Tamar (Génesis 38), Rahab (Josué 2), Rut (Rut 3), y Betsabé (2 Samuel 12). Una manera simple de decir, si es cierto de que Jesús es mestizo, pero, el rey David también lo fue. Entonces el mensaje está muy claro. Jesús es un auténtico israelita con buena ascendencia, pero también, un hijo de inmigrantes, un hijo de personas marginadas y un galileo. Es precisamente este hijo, con su claro mestizaje cultural y étnico, la esperanza para la reconciliación y sana convivencia. Así pues, se propuso que la salvación y la creación de una mejor humanidad es posible gracias también a los mestizos.
Jesús de Nazaret como salvador
Esta religión cristiana sugiere que Jesús de Nazaret salva de pecado, sana las enfermedades del alma y salvaguarda de las creencias irracionales que impiden el florecimiento. Él nos salva de las estructuras sociales que oprimen y nos mantienen en la esclavitud intelectual. Él nos salva de la desesperanza y de la apatía existencial. Además, él nos salva del pecado cósmico y nos reconcilia con el Creador, el universo y el resto de la creación. También, él nos salva de las prisiones emocionales y religiosas que nos mantienen esclavizados y dominados.
Además, él nos salva de las fuerzas del mal generalmente reflejadas en las estructuras de poder político y económico (Romanos 8:37-38). Él nos salva de sistemas religiosos obtusos que entorpecen el desarrollo integral del potencial humano (Romanos 6:11-23). Él nos salva de los temores paralizantes del pasado, del presente y del futuro (1 Corintios 15). De manera que Jesús de Nazaret nos salvó, nos sigue salvando y nos salvará.
Esta salvación (soteria) no es una ideología, sino una experiencia esperanzadora, liberadora y transformadora. Esta liberación (eleuteria) es integral, incluyendo nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestro espíritu, nuestra conducta y nuestras relaciones (Gálatas 5; 2 Corintios 3:17). La liberación implica que Dios nos da una vez más la voz y la libertad de expresión que nos negaron los poderosos. Además, esta salvación nos asiste en reconocer el poder que tenemos y nos reconecta con nosotros mismos y con los demás. Este tipo de poder que Dios despierta en nosotros representa la capacidad para vivir una nueva humanidad donde reine la justicia, la igualdad y la libertad (1 Corintios 4; 2 Corintios 5).
Esta redención nos trae un tipo de paz que no implica la ausencia de conflictos y tensiones, sino la armonía interna como producto de la continua presencia del Espíritu de Dios (Romanos 5; Hebreos 12). En sí, la salvación que Jesús de Nazaret nos ofrece, también nos libera de la culpa y del poder del pecado, porque, ahora, en esta nueva humanidad no necesitamos seguir en rencillas unos con otros, sino, más bien, aceptándonos con un espíritu compasivo y prestos para dialogar (Juan 20:23).
Esta salvación implica el dejar a un lado la violencia verbal y física que son combustibles para las disensiones y las guerras (Colosenses 3). El perdón no implica el ignorar o borrar el daño que la otra persona hizo, sino, más bien, el acto de amor de parte de la persona herida, quien, al perdonar, elige renunciar a su derecho de vengarse. Estas son las buenas nuevas de salvación.
Conclusión
Así que celebremos la llegada de Jesús de Nazaret a este mundo, pero, sobre todo, la llegada de Él a tu mundo y a mi mundo. Es mi oración y deseo genuino para este nuevo año que unamos fuerzas a fin de crear una nueva humanidad donde reine la fe, la esperanza y el amor. Una humanidad que dé testimonio de la liberación total que Jesús de Nazaret sigue llevando a cabo en nuestras vidas. Una humanidad que sea la expresión del “reino de los cielos” acá en la tierra.
El autor del Evangelio, según Mateo, enfatiza la frase “reino de los cielos” (basileia ton ouranon) al usarla unas 32 veces en su libro. Este reino, donde el poder es compartido y nunca usado para reprimir u oprimir, se puede comenzar a vivir acá al abrazar un estilo de vida marcado por la misericordia, la compasión y la humildad.
“Por eso el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al comenzar a hacerlo, se le presentó uno que le debía miles y miles de monedas de oro. Como él no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su esposa y a sus hijos, y todo lo que tenía, para así saldar la deuda. El siervo se postró delante de él. Tenga paciencia conmigo —le rogó—, y se lo pagaré todo. El señor se compadeció de su siervo, le perdonó la deuda y lo dejó en libertad.
Al salir, aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros que le debía cien monedas de plata. Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo. ¡Págame lo que me debes!, le exigió. Su compañero se postró delante de él. Ten paciencia conmigo —le rogó—, y te lo pagaré. Pero él se negó. Más bien fue y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda. Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido. Entonces el señor mandó llamar al siervo. ¡Siervo malvado! —le increpó—. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti? Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano” (Mateo 18:23-35, NVI).
El vivir a la altura del “reino de los cielos” no es un imposible cuando vivimos en el mover del Espíritu de Dios. El poder para hacer el bien y ser embajadores del amor divino está entretejido en cada una de nuestras células y genes, ya que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios. Como seres libres, seres interconectados y seres interdependientes, podemos alcanzar esta plenitud existencial cuando vivimos en comunidad y aprendemos a crecer desde las diferencias.
En este nuevo año usemos todas nuestras energías en unión a las fortalezas de nuestro Creador para crear una comunidad donde cada miembro pueda ser auténtico, pueda expresar sus ideas, su unicidad y sus emociones de una manera libre y sin miedo a ser condenado o eliminado.
Una comunidad que promueva la libertad y la capacidad creativa de cada ser humano que la integre. Una comunidad con compromiso ético y responsabilidad ecológica donde se reconozca que los nexos con los semejantes, la naturaleza y con el contexto sociocultural implican mutualidad, solidaridad y respeto a la diversidad.
Referencias:
Blanco, C. (2013). El pensamiento de la apocalíptica judía. Ensayo filosófico-teológico. Madrid, España: Editorial Trotta.
Collins, J. J. (1998). The Apocalyptic Imagination: An Introduction to Jewish Apocalyptic Literature. Grand Rapids, MI: William B. Eerdmans Publishing Company.
González, J. (1994). Historia del cristianismo. Tomo 1. Miami, Fl: Editorial Unilit.